Nieve Ardiente (1974)

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Goryachi Sneg (Nieve Ardiente, 1972) es una película realizada en tiempos de la Unión soviética por el cineasta Gavriil Eguiazarov. La película, rodada, treinta años exactos después de la batalla de Stalingrado, se dedica a conmemorar precisamente ese conflicto. Aunque la película no se centra exactamente en Stalingrado, sino en los alrededores del cerco, lo que por otra parte ha sido siempre un episodio histórico muy olvidado por la historia (y no digamos el cine), la conocida como “operación tormenta de invierno”. El filme está basado en una novela homónima de Yuri Bondarev.

La película, como decíamos, se basa en los episodios históricos que sucedieron en el año de 1942, durante la segunda guerra mundial. Los ejércitos nazis, liderados por Von Paulus, estaban cercando la ciudad de Stalingrado, pero a la vez, ellos mismos, se encontraban cercados. Para liberarlos, el ejército de Von Manstein se dirigió a Stalingrado. El filme relata precisamente la lucha que tuvieron las tropas soviéticas para impedir que Von Manstein y su tropa fueran capaces de conectar con los soldados cercados y así escaparse de lo que finalmente fue una derrota vital.

A pesar de que la película está rodada treinta años después de los hechos que muestra y de que la productora es la propia unión soviética, el filme no es realmente una simple obra de propaganda. De hecho, lo más curioso de todo, es que los alemanes no aparecen descritos como monstruos sanguinarios o por el estilo. Más bien al contrario, inteligentemente el guión del filme evita perfilar al enemigo, y se esconde no personalizándolo. De tal manera que el alemán es siempre un ser etéreo, una máscara, en la película, que a duras penas aparece y si lo hace es siempre de frente y sin rostro. Por otra parte, los discursos políticos también aparecen con cuentagotas (por ejemplo, prácticamente no hay ni uno de los célebres comisarios políticos) y simplemente se proclaman frases prototípicas y extensibles a cualquier guerra. La película pues rehuye de todo eso, incluso de la patriotera más rancia (a pesar de que el inicio asusta en primer momento, pues nos indica que la obra está dedicada a los héroes que dieron la vida en la guerra), para centrarse casi exclusivamente en el conflicto bélico y la descripción de la dura atmósfera en la que debieron vivir aquellos hombres. Una película en definitiva, que puede ver perfectamente un espectador que no sea soviético.

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Ahora bien, la película resulta demasiado insulsa, y a pesar de que es correcta y nunca canta en ningún momento, no hay nada que destaque por encima de otras películas bélicas y el desarrollo argumental resulta rutinario y convencional. No hay un único personaje principal, sino que el filme nos presenta un grupo de soldados (incluyendo una mujer miembro del equipo sanitario, interpretada por Tamara Sidelnikova), que serán los que afrontarán la batalla. Primero, nos encontramos con la presentación de personajes, con secuencias que resultan anodinas por tenerlas ya vistas, como es el caso de los soldados relajándose y bromeando antes de que estalle la tormenta. Sus historias personales apenas son una pantalla con la que el filme puede cohesionar un desarrollo dramático y sobre todo, mostrar los fuegos pirotécnicos.

Después de estos prolegómenos, viene el nudo, que es la batalla y que se convertirá en el eje absoluto de la película. La batalla en sí no está mal rodada, pero se convierte en un ir y venir de cañonazos que acaba saturando al espectador (como ejemplo de esto, tenemos la secuencia en la que el capitán ruso pierde la razón y empieza a bombardear tanques en una secuencia que se hace larguísima).  El Epicismo del filme se vuelve reiterante, pues al fin y al cabo el esquema es exactamente siempre el mismo, tanque que es avistado, tanque que debe ser destruido con la artillería y tampoco ayuda que todo suceda en el mismo terreno. Finalmente el epílogo tiene el objetivo de ir cerrando las tramas, y acabar la epopeya.

Los escenarios históricos y el ambiente general es bastante disfrutable. Podemos destacar como punto positivo la fotografía que firma Fyodor Dobronravov y que se centra en los paisajes para identificarse con los propios sentimientos de los soldados.  La Batalla es en realidad un auténtico despliegue de medios, y es realmente convincente, porque a pesar de que la variedad brilla por su ausencia, si da la impresión de tener a un ejército nazi delante de la cámara (a pesar de que la estrategia militar es un poco absurda, pues los tanques no acostumbraban a ir sin ton ni son hacia el frente, y sin acompañamiento de soldados)

Por cierto, como apunte histórico, a pesar de que la ambientación es más que correcta en líneas generales, nos encontramos con que los tanques nazis (que no son pocos en el filme, pues como decíamos hay un auténtico desfile de ellos) son en realidad T-34 soviéticos modificados.

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