The Black Cauldron (1985)

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La compañía Disney trató de ocultar su gran fracaso, y lo cierto es que con el paso del tiempo podemos decir que en gran parte lo ha conseguido, porque poca gente reacciona al enterarse que una película de mediados de los años ochenta, titulada The Black Cauldron (Tarón y el caldero mágico, 1985) forma parte del mismo universo que Mickey, Donald y compañía. De hecho, no fue hasta muchos años después (1998) que la película consiguiera editarse en formato comercial. Como suele suceder en estos casos, ni de lejos la película que firman Ted Berman y Richard Rich se merecía tal fortuna (sólo consiguió recaudar 21 millones de los 44 que costó la producción del filme). Con el paso del tiempo, el filme ha ido adquiriendo un status de culto, quizá inmerecido cuando se habla del filme en cuestión como la obra maestra de la factoría Disney, pero desde luego incomparable con el ostracismo al que se vio (y se ve aún) sometido el filme.

El argumento es interesante,  aunque ciertamente el espectador puede perderse a medida que sucede el metraje, porque a la trama le falta coherencia a raudales. Se nota en este aspecto que el proyecto fue realizado por más de una mano, y también lo que acostumbra a suceder cuando se van dando bandazos, y es que la película da por sentadas cosas básicas que como mucho aparecen superficialmente descritas, pero que el espectador no es capaz de hacer encajar. La película está inspirada libremente en la obra literaria de Lloyd Alexander, The Chronicles of Prydain (lo que parece una de las causas del desastre, puesto que la misión de comprimir los numerosos volúmenes del autor en una sola película resulta incompleta). Ya el inicio del filme es revelador en este sentido, no dando ningún tipo de explicación sobre lo que se está viendo (y eso que lo de observar a una cerda con poderes adivinatorios es cuanto menos descolocante). Esto se convertirá a partir de este momento en una tónica habitual. No es que las explicaciones innecesarias y reiterativas sean una obligación, pero lo cierto es que llega un momento en el filme en el que se necesita una pequeña parada para proporcionar información. Esto se puede sentir especialmente con los personajes protagonistas, que aparecen y desaparecen en la película de una manera pasmosa. Pongamos por ejemplo el pequeño duendecillo, que repente acompaña al grupo protagonista y luego vuelve a desaparecer (aunque no sabemos porque aparece en la última secuencia junto al anciano). Además, de las motivaciones de los protagonistas principales están totalmente desdibujadas, caso del poeta de mediana edad, del que no entendemos como pasa a apoyar a Tarón en una misión tan peligrosa, o de que es reina exactamente la protagonista femenina del filme.

Realmente, al acabar la película, uno no está del todo convencido de haber visto una película Disney. La película parece más una producción de otros estudios como la Warner, sobre todo por el tratamiento terrorífico que tiene lugar en algunos momentos de la película. No es que podamos calificar la película como una obra terrorífica, pero hay muchos elementos que van en la dirección contraria por la que siempre ha apostado Disney. Pongamos por caso una de las más terribles y malvadas protagonistas que nos ha dado la compañía, como es el caso de Maléfica. Este personaje es un trozo de pan si lo comparamos con el “malo” de Tarón y el Caldero Mágico. El diseño del personaje del rey Horned es seguramente una de las bazas principales de la película, imponente y terrorífico. De igual manera podemos hablar de las secuencias que suceden dentro de su morada (un castillo que cumple con el arquetipo de mansión encantada), donde los acólitos del rey se divierten a lo grande. Más allá del diseño, algunos detalles también nos indican las singularidades del filme, como es algún fotograma donde puede observarse el fluir de la sangre. Por cierto, Tarón y el Caldero Mágico no tiene ni siquiera número musical, algo que siempre ha sido una de las señas de identidad más reconocibles de Disney. Aunque resulta difícil de imaginar un número musical en una película tan oscura y de corte tan maduro.

blackcaudron.jpg

Hay secuencias aisladas que elevan el tono general del filme de manera considerable. Especialmente las que suceden dentro del castillo del rey Horned. En definitiva, Tarón y el Caldero mágico tiene sus puntos fuertes en su diseño visual, arriesgado tratándose de una película destinada a un público infantil y en el atrevimiento de algunas escenas (recordemos aquella en la que nuestro viejo poeta se convierte en rana y se balancea entre los senos de la bruja, un guiño repleto de erotismo poco usual). Pero en líneas generales, la película pierde por la poca coherencia que muestra el producto, que se va deshilachando a medida que el metraje acumula diversos acontecimientos sin demasiada lógica.

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