La máscara de Fu Manchu (1932)

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Ya en su época The Mask of Fu Manchu (La máscara de Fu Manchu, 1932) creó bastante polémica por su condición a todas luces de filme racista. La embajada china en Estados Unidos llegó a realizar una queja formal[1] por los absurdos estereotipos que se vertían sobre los asiáticos, pero viendo la cinta hoy en día, más que indignación por dichos comentarios, la reacción es más bien cómica, porque el filme resulta totalmente increíble (en el sentido estricto de la palabra) de principio a fin. Y eso que, la película crea bastantes precedentes en su género (más dentro del cine de aventuras que del de terror, al que incorrectamente se le ha ido atribuyendo) y pueden observarse algunas señas que serían recogidas muchas décadas después por películas tan influyentes como las que dirigió Steven Spielberg sobre Indiana Jones.

La película está dirigida por Charles Brabin y el guión adapta la saga literaria que hiciera célebre en la primera década del siglo a XX a Sax Rohmer. Las novelas, que eran un éxito dentro de la cultura popular del momento, ofrecían una perspectiva detectivesca que evocaban a las célebres novelas de Arthur Conan Doyle. Como actor principal, interpretando el papel del malvado Fu Manchu está ni más ni menos que Boris Karloff, que justo había triunfado en el mundo de Hollywood con la historia con la que pasaría principalmente al Olimpo del séptimo arte, como fue Frankestein (el doctor Frankestein, 1931). Puede que fuera uno de los reclamos principales, pero lo cierto es que la película acabó cosechando una buena recaudación.

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Leyendo la sinopsis ya nos podemos dar cuenta de la gran absurdez que plantea el filme. El malvado Fu Manchu pretende hacerse con la tumba de Genghis Kan, porque sabe que si consigue la espada y la máscara del mítico monarca, millones de asiáticos se unirán en su cruzada contra la raza blanca. Sí, efectivamente, el personaje que interpreta Karloff tiene por objetivo principal la destrucción del hombre blanco. Es normal que hubiera gente que se molestará, porque la película retrata absurdeces racistas de este estilo, y que se irán reiterando de manera continuada en la película. De todas maneras, si conseguimos obviar estos detalles, veremos que el personaje es realmente interesante por dos motivos. Primero, porque capta perfectamente la esencia del enemigo folletinesco que era típico de esta época, tanto el cine como en la literatura. Y segundo, porque más allá de retratarlo, se crea un molde con algunos detalles inéditos que irían pasando con posterioridad por el género de aventuras norteamericano. No hay muchas diferencias entre el cliché (aquí sin un punto de vista negativo, sino afirmando cliché tal y como es) de Fu Manchu y los malvados protagonistas que encontramos en la trilogía (la original) de Indiana Jones. Ambos utilizan las mismas tácticas y recursos malvados, y sólo hace falta ver la gestualidad de Karloff para que numerosas películas de años posteriores nos vengan a la mente. Puede que el maquillaje a día de hoy resulte cómico, pero en su momento Karloff resultaba imponente.

Total, que al malvado Fu Manchu se le opondrán, como no podía ser de otra manera, un grupo de británicos, que pretenden llevarse las piezas de Kan al British Museum (el refugio mundial de la cultura, como todo el mundo sabe). Y la película transcurrirá entre las aventuras de los arqueólogos británicos y las astucias de Fu Manchu, que entre otras cosas nos deleitará con alguna que otra tortura (más o menos imaginativa). Realmente Karloff lo tuvo fácil, porque su personaje es el único que tiene algo de interés. Los británicos son una retahíla de clichés (esta vez, en el mal sentido) que carecen de atractivo, por responder siempre  a lo visto dentro del género (está el chico simpático, la chica florero, el anciano sabio, este último con un toque british que huele a parodia etc…). Después de alguna que otra estratagema, finalmente el mal será vencido.

¿Qué ofrece de interesante el filme? Más allá de la comentada interpretación de Karloff, nos encontramos con algún que otro detalle curioso, que si bien no justifica por sí sólo su visionado (porque el filme sólo es apto para los más cinéfilos) si resulta curioso, como es el caso de las pérfidas torturas que prepara Fu Manchu, que son bastante imaginativas y que sintetizan bien el tono cómic que se respira durante todo el metraje (ciertamente, sólo teniendo en cuenta que nos encontramos ante una obra bufa podemos perdonar sus grandes defectos). Por acabar, también podemos destacar la fotografía que firma Tony Gaudio, que subraya algún efecto estético mediante el blanco y negro, especialmente en los escenarios en los que Fu Manchu da sus “racistas” discursos.

[1] GRESCOE, Taras, Shanghai Grand: Forbidden Love and International Intrigue in a Doomed World, Ed. St. Martin Press, New York 2016, p. 133

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