El Viento (1928)

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The Wind (El Viento, 1928), es seguramente la obra maestra por la que es reconocido el sueco Victor Sjöstrom. La película está rodada durante el periplo del cineasta por los Estados Unidos, después de haber triunfado en Europa. A pesar de ser una de las obras maestras del cine mudo, la película no tuvo un gran éxito de público, y Lilian Gish, la estrella principal del filme, decidió retirarse del cine (temporalmente), y de hecho no volvería hasta varias décadas más tarde a la interpretación. Por cierto, fue la propia Lilian Gish la que después de leer la obra en la que está basada, propuso a la productora, la MGM, que se rodara el proyecto[1], además de también llamar a Sjöstrom, con quien ya había trabajado anteriormente, en The Scarlet Letter (La Mujer marcada, 1926). El rodaje fue ciertamente complicado, especialmente por los adversos efectos atmosféricos (una terrible calor se cernía durante las horas de rodaje) con la que hubieron de enfrentarse tanto el reparto como el personal técnico.

La obra adapta la novela de la escritora contemporánea Dorothy Scarborough, quien fue célebre en su momento por tratar en los temas de sus obras las costumbres cotidianas de Texas, además también desde un punto de vista femenino. En este sentido, hay que señalar que Sjöstrom, a pesar de ser un extranjero (o quizá precisamente por ello) capta muy bien la esencia del sur norteamericano, eso sí, con una visión personal muy intimista y diferente a la de otras películas Western que posteriormente vendrían y con las que El Viento comparte algunas características (aunque ni de lejos podríamos suscribir el filme a dicho género). La película nos presenta a una joven que se traslada a Texas para vivir (el filme arranca con la llegada de la muchacha en tren, en una secuencia preciosa y perfectamente dirigida). Dicha joven, interpretada por Lilian Gish, pronto empieza a darse cuenta de que el territorio que le espera es totalmente hostil. No sólo por la acogida de su familia, sino también por el propio clima, un viento demoledor que hace la vida del pequeño pueblo un infierno. Además, varios pretendientes tratan de ganarse su amor, aunque la joven no parece inclinarse por ninguno de ellos.

El elemento natural resulta un punto imprescindible para la comprensión del filme. Pero esto no es algo nuevo, sino más una constante que se puede rastrear no sólo en el cine Sjöstrom, sino también en el de su compatriota, Mauritz Stiller (otro director escandinavo clave en el cine mudo). Ambos cineastas fueron los primeros en introducir la naturaleza como si se tratara de un personaje más del filme, en obras como Berg-Ejvind och hans hustru (Los Proscritos, 1917). El propio título de la película ya hace referencia al elemento, el viento, que en la película aparece ya desde la primera secuencia, en la que nuestra protagonista llega hacía el pequeño pueblo. Además hemos de poner en contexto la película, que transcurre en las tierras áridas norteamericanas. El Viento, agresivo y voraz no deja de ser una representación del mismo pueblo, que acoge de manera violenta a nuestra protagonista. Por otra parte, esa conquista del hombre blanco de los territorios que antaño habían pertenecido a los indígenas queda reflejada en la propia película, mediante diversos simbolismos. Uno de ellos es el caballo blanco, puro, que simboliza la potencia desatada de esa propia naturaleza indómita, y que la película muestra poéticamente en varias ocasiones. Finalmente pero, nuestros protagonistas consiguen sobreponerse a sus miedos.

Técnicamente la película es una muestra magistral del buen hacer de Sjöstrom. A pesar de que la película es muda, puede presentirse el golpe del viento en las ventanas y el soplido chocando contra la casa, como si el espectador las sintiera de manera directa. Y es que El Viento tiene una atmósfera especial. Sjöstrom lo consigue mediante numerosos recursos, como planos magistrales rodados desde planos insólitos, pero sobre todo con la majestuosidad con la que Sjöstrom consigue rodar la propia fuerza del viento y los elementos más ultraterrenales.

Que Lilian Gish es una de las mejores actrices de la historia lo demuestra con El Viento. Gran parte de la película se sustenta en su interpretación. Gish cumple a la perfección con el perfil que exige la película, de joven asustadiza e incapaz de entregar su amor a su marido. Por este motivo, grandes momentos del metraje están basados en primeros planos de la actriz, que es capaz de sintetizar todo el personaje sin apenas hablar una palabra.

Quizá la única pega que se le pueda poner a la película es la facilidad con la que la protagonista acaba enamorándose del hombre al que en un primer momento rechaza. De hecho, la película había de finalizar con un final mucho más trágico, pero por imposiciones de la productora,  se acabó escogiendo un final más feliz. A pesar de ello, la película se cierra considerablemente bien, y no da la sensación el cierre de ser un simple pegote.

[1] FLORIN, Bo, Transition and Transformation: Victor Sjöstrom in Hollywood, 1923-1930, Ed. Amsterdam University Press,  Amsterdam 2013, p. 79.

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