Nixon (1995)

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Nixon (Nixon,1995) se trata sin duda alguna de las películas más infravaloradas de la década de los años noventa (a pesar de que en su momento recibió varias nominaciones, como a los Oscars o a los globos de oro, hoy en día está ciertamente olvidada). Puede que sea porque la película es un polémico Biopic sobre uno de los presidentes estadounidenses más controvertidos, Richard Nixon, o puede que sea porque el hombre que está detrás de las cámaras, Oliver Stone, crea distensión allá donde rueda. El caso es que viendo al director podríamos pensar en un primer momento que el filme está demasiado cortado políticamente por una única tendencia ideológica, pero lo cierto es que precisamente una de las cualidades del filme es que Stone es capaz de realizar un retrato totalmente humano del presidente, que incluso en algunos momentos puede resultar triste, porque el objetivo final del cineasta es mostrar la figura humana superada por un sistema-definido en la propia película como una bestia salvaje-que es capaz de devorarlo todo. De hecho, la película no acabó de agradar a los simpatizantes demócratas, que consideraban que el retrato era demasiado blando, mientras que los simpatizantes republicanos acusaron a Stone de justamente lo contrario. Cabe señalar que la película se rodó precisamente poco tiempo después de la muerte del ex presidente.

La película empieza de manera confusa, algo que será una tónica habitual a partir de entonces. Arranca el filme con los ecos del célebre escándalo Watergate pero rápidamente irá adelante y atrás en la vida de Nixon, mostrando momentos de toda su biografía. Aún así sí que es cierto que existe una línea más o menos progresiva que nos muestra el ascenso de Nixon al poder y su caída final por el escándalo de espionaje. Anthony Hopkins interpreta a Nixon, y si bien es cierto que físicamente puede parecer que no tienen demasiadas semejanzas, gestualmente el actor si sabe hacerse con el personaje. De hecho, uno de los grandes pluses del filme está precisamente en su sombría interpretación, la de un hombre carcomido por dentro.

La parábola que pretenda elaborar Stone es evidente. Incluso el hombre humilde es corruptible una vez avanza en política. Los flashbacks que nos presentan al pequeño Nixon viviendo con su familia y sufriendo trágicamente la muerte de sus hermanos contrastan con el Nixon maduro que ya se encuentra en el poder (y que acaba pactando con el mismísimo diablo, Edgar Hoover, con tal de ascender). La evolución del personaje queda perfectamente plasmada, y en ningún momento nos da la sensación que el personaje se endurece de golpe, sino que va desarrollándose gradualmente.

Pero no sólo de política habla la película. De hecho, y aunque pueda sonar extraño, el filme esconde un potente drama (sobre relaciones de pareja) detrás. Y es que a lo largo de todo el metraje se nos presenta la relación entre el político y la primera dama (interpretada por Joan Allen). También aquí Oliver Stone desarrolla una interesante parábola, del hombre que dedicado por entero al trabajo, acaba olvidando a su familia por completo. Aún así no deja de ser más que interesante como una faceta tan aparentemente intrascendente para un Biopic de tamañas características, acaba cobrando tanta importancia.

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En algunos momentos, la técnica del filme puede recordar a otras películas de Stone como Any Given Sunday (Un domingo cualquiera, 1999) aunque afortunadamente en esta ocasión, el cineasta es capaz de controlarse y no cambiar de plano cada medio segundo. Lo que sí podemos observar es que formalmente Nixon parece anteceder al citado desastre, especialmente por los cambios de formatos y algunos recursos que emplea Stone cuando necesita o bien realizar un cambio o mostrar el caos de la inestabilidad política de los años setenta. El director emplea numerosos formatos que van desde obras documentales hasta recreaciones de la propia carrera política de Nixon, mientras el blanco y negro se alterna con el color. Todo esto mientras narrativamente se emplea los Flashbacks y los Flashforwards. El resultado puede llegar a resultar exasperante para un espectador que no esté habituado a la política norteamericana, por la gran cantidad de datos e información que ofrece la película. Para los conocedores, la obra resulta totalmente estimulante. Tan adictiva de hecho, que a pesar de que la vida de Richard Nixon podría parecer a priori un aburrimiento mortal, el cineasta es capaz de convertir las reuniones políticas en apasionantes discursos que muestran los tejemanejes ocultos.

Quizá, la única pega es que la película es demasiado irregular. Normal teniendo en cuenta que la película tiene la friolera duración de tres horas. De hecho, la sensación general es la de que el montaje tiene algunos puntos débiles al tratar de concentrar tanto espacio y en alguna ocasión los saltos narrativos son demasiado acusados.

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