Expediente Warren: El caso Enfield (2016)

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The Conjuring 2: The enfield Poltergeist (Expediente Warren: El Caso enfield, 2016) es la continuación de la primera parte que rodó tres años antes el cineasta James Wan sobre la pareja de célebres parapsicólogos norteamericanos. La película, que supone un apuntalamiento más en la carrera del cineasta, ha recibido en su mayoría críticas positivas y puede convertirse en el punto de inflexión de su trayectoria.

Los más críticos con el filme han aseverado que la película no es más que una burda imitación de la primera parte que Wan dirigiera tres años antes. Es cierto que la película tiene muchas similitudes con aquella, pero sería demasiado injusto calificar el filme como una mera copia. Para empezar, porque el género de terror no es terreno propicio para que los críticos descalifiquen por el mero placer a una buena película como es esta segunda parte (porque precisamente, no anda el género sobrado de obras notables). Y segundo, porque a pesar de que es cierto de que las innovaciones argumentales son más bien pocas (aunque pensándolo bien, tampoco la primera de Expediente Warren aportaba algo sustancialmente al género de terror dentro del campo del guión y el argumento) la atmósfera y la puesta en escena están, si no a la par, por encima de la primera película. Es decir, el miedo está igual de asegurado.

Expediente Warren: El Caso enfield se acerca al manierismo formalista más exacerbado. En este sentido, la película parece una especie de Remake en la que el propio James Wan ha pretendido pulir aún más los pocos defectos que se encontraban en sus películas anteriores. Aquí la puesta en escena se hace aún más palpable, por recargada, que antes, y por ejemplo podemos citar los planos-que hasta el crítico menos avispado ha sido capaz de advertir- cenitales, que nos presentan a nuestros protagonistas introducirse en la casa endiablada, y que tienen un evidente sentido simbólico. Pero el filme de James Wan es más que un mero plano cenital. Secuencias construidas a consciencia para el homenaje al puro terror hay más de una. Por citar una de las más escalofriantes-y mejor construidas desde la dirección- podemos nombrar la que tiene lugar con la entrevista entre el demonio (mediante la niña poseída) y Ed Warren. Con sólo un plano fijo, el cineasta es capaz de captar la esencia del terror más instintivo, más atávico. Mientras Ed Warren entrevista a la joven niña, que está situada en un segundo plano, desenfocada, poco a poco somos testigos como esa masa informe se va convirtiéndose en un demonio. Pero inteligentemente, Wan no hace visible al terror hasta el momento estrictamente necesario, como es el clímax final. El director conoce perfectamente los tempos.

La película está supuestamente basada  en hechos reales, en las investigaciones que los parapsicólogos Ed y Lorraine Warren realizaron, más específicamente en el caso Poltergeist que aconteció en el año 1986 en el Reino Unido. El caso es el habitual dentro del género, una familia que empieza a sufrir problemas cuando una de las niñas de la familia empieza a mostrar algún tipo de posesión, provocando todo tipo de extraños comportamientos.  Inmediatamente la familia decide contactar con los Warren para que les ayuden en su desesperada situación. Aquí ya nos encontramos con uno de los puntos candentes del filme, y entramos ya en territorio ideológico. Porque la película toca todo lo que acontece como real (como es lógico en una película de terror) pero incluso va más allá, proponiendo un debate entre la parapsicología y la ciencia. Y es que en un momento determinado de la película se cuestiona precisamente que lo que le está sucediendo a la niña sea real. Sin embargo, los Warren se encargan de destrozar ese escepticismo. Esto, es decir, las posesiones y los exorcismos, que serían una chaladura en el mundo real, funcionan precisamente en el cine (o mejor dicho, en este filme). Y nosotros, al igual que los atormentados miembros de la familia, aceptamos la supresión de la ingenuidad y nos creemos a pies juntillas el poder del diablo. En este sentido, y tal como hiciera William Friedkin más de tres décadas atrás, James Wan es capaz de hacernos creer en lo sobrenatural, aunque sólo sea durante un par de horas. Algo que por otra parte aún no ha conseguido el vaticano.

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Lo cierto es que viendo no sólo las dos películas de Expediente Warren, sino también la saga de Insidious (cuyas dos primeras partes dirigió el cineasta) podemos afirmar que James Wan se ha librado ya una reputación dentro del género de terror. Y eso que a diferencia de otros cineastas, Wan ha seguido argumentalmente la vertiente del cine clásico (la mayoría de sus películas adscritas al género de terror están relacionadas con temáticas de películas clásicas de Serie B de los años cincuenta y sesenta, como son las casas encantadas), pero re visionando  y adaptando dichas historias y argumentos al nuevo modo cinematográfico. Veremos en el futuro si el cineasta sigue esta tendencia, o es capaz de ir incluso más allá en un futuro.

 

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