I am a Hero (2015)

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I am a Hero (I am a Hero, 2015) se trata de una curiosa película dirigida por Shinsuke Sato y que tuvo una cierta resonancia en el festival de Sitges del año pasado, logrando el premio del público y los mejores efectos especiales. Nos encontramos ante una película controvertida, que a pesar de que puede ser clasificada como cine de Zombies, es un soplo de aire fresco al género. La película toma el humor como combinación intrínseca al terror, y consigue una singularidad especial, que la convierte prácticamente en única. Mucho más salvaje, por ejemplo, que Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), quizá menos graciosa en conjunto, pero también más crítica.La película está basada en el manga que dibuja y escribe el japónes Kengo Hanazawa.

La película nos presenta a nuestro protagonista, un dibujante frustrado de manga, que es la viva imagen de la mediocridad. Con una novia que le odia y un reconocimiento que nunca llega (nuestro protagonista atesora un octavo premio de hace quince años como si fuera su obra magna), el personaje que interpreta Yô Ôizumi se verá sorprendido por una infección vírica que convierte a la gente en seres parecido a los zombies. Como podemos ver en la descripción que hace el filme del personaje, i am a Hero hace bastante hincapié en la presión por parte de la sociedad para convertirnos siempre en lo que los estándares actuales consideran como un “triunfador”. Nuestro protagonista es precisamente lo contrario, un fracasado. Esta tendencia impuesta por el mundo contemporáneo, que es aún más acentuada en el mundo nipón, queda puesta del revés por la película. Nuestro protagonista deberá enfrentarse a sus miedos para convertirse en un ser capaz de afrentar su propia vida.

images (5).jpgHabía una crítica en Filmaffinity que comparaba el filme con otras películas  del subgénero Zombi y hablaba sobre la gran cantidad de  obras que se están haciendo en los últimos años. No es de extrañar el porqué y sólo hace falta ver i am a hero para comprobarlo. El Zombie puede utilizarse, como un elemento terrorífico más, o como bien ideó Romero, su progenitor, con una carga crítica adicional hacia la sociedad contemporánea. La película japonesa es totalmente deudora del cine de Romero, y más en concreto, Dawn of the Dead (Zombi, 1978). Al igual que en la película de Romero, la de Shinsuke Sato transcurre también durante parte del metraje en un centro comercial (incluso con alguna que otra escena excesivamente similar a la de Romero). La originalidad del filme reside en el aspecto innovador que introduce Shinsuke en el Zombi. Esta vez los zombies (o mejor dicho, infectados) son capaces de hablar, aunque su vocabulario es reducido y se limita simplemente a las palabras que siempre tenía en mente el difunto (dicho de otra manera, los diversos mantras del mundo contemporáneo). Algo que no sólo sirve como herramienta cómica en manos del director, aunque valga comentar que tiene un potente efecto en varias escenas, sino también como herramienta crítica. En algunos casos, las palabras de los muertos hacen referencia al subconsciente colectivo contemporáneo, que queda al descubierto para el escarnio del cineasta.

 

Desde la puesta en escena hasta los efectos especiales, lo cierto es que I am a Hero impresiona. Convence, como no se había visto en una cinta de estas características desde hacía tiempo. Porque estamos más que acostumbrados  a la casquería barata  y a películas que debido a sus flojas puestas en escena acaban resultando horribles. Pero en el caso que nos ocupa, nos encontramos con una película que tiene escenas muy bien elaboradas. Pocas veces nos hemos adentrado en un mundo apocalíptico tan lúcido y I am a hero consigue ese efecto. Creo que podemos hablar sin tapujos de la mejor escena justo cuando empieza el caos y nuestro protagonista sale a la calle. En ese momento, la película alcanza unas cotas magistrales. El conjunto funciona, desde las dosis de humor cómico que el cineasta va introduciendo (nunca sin pasarse, de tal manera que siempre nos preocupa nuestro personaje) hasta el majestuoso e impresionante uso de la cámara. Un tour de forcé que lamentablemente no tendrá continuación.

Porque la segunda mitad de la película es realmente más predecible y agotadora. Como viene siendo habitual en el género, el cineasta recoge la máxima de el hombre es un lobo para el hombre, y acaba haciendo un producto que se ve venir desde el primer momento en que nuestro personaje llega al campamento. A partir de entonces la película no se vuelve un absoluto desastre, pero sí que pierde esa chispa de creatividad que venía arrastrando desde el principio para convertirse en “una más”. Además el supuesto clímax no acaba de convencer del todo.

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