Los 28 Hombres de Panfilov (2016)

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28 panfilovtsev (los 28 hombres de Panfilov, 2016) se trata de una película rusa producida con presupuesto estatal, que trata de recuperar el mito soviético (bastante célebre en el país) de una compañía de soldados soviéticos que durante la batalla de Moscú hicieron frente a numerosas brigadas blindadas alemanas (en una proporción exagerada). La historia detrás de la película navega entre el mito y la realidad, aunque el filme se queda de lejos con la versión oficial soviética.

La película sigue sin duda alguna la senda que ha seguido en los últimos tiempos el cine bélico ruso, que tratar de emular al norteamericano. Los tiempos de películas como Letyat zhuravli (Cuando vuelan las cigüeñas, 1957) han quedado bastante atrás. Ahora el trasfondo humano ya no importa, y sólo queda la acción. Producción rusa, pero apenas hay diferencias entre la película que nos ocupa y otros productos corrientes que cada año produce Hollywood. De hecho el gusto es quizá incluso demasiado norteamericano, en cuanto a se trata de una ensalada de balas que no tiene pausa durante más de una hora.

A destacar positivamente sólo podemos señalar la recreación de escenarios e incluso idiomas que utiliza el filme, en cuanto nos presenta una compañía de soldados heterogéneos (en el filme el ruso y el ucraniano se mezclan a veces indistintamente) de diferentes procedencias. La recreación bélica está bastante lograda y arrasa por millares a anteriores películas rusas con mucha más fama, caso de Leningrad (Leningrado, 2009). En este sentido no hay aspectos que chirríen y la inmersión en el momento bélico es más que notable. Sólo hay que comparar los tanques del filme con los aviones de la anterior película citada. En temas de vestuario, armas, todo parece mostrar un nivel de producción más que notable.

La película se centra totalmente en el mito. Y lo más curioso es que el cineasta sabe perfectamente lo que hace en cada momento. Es decir, cuando nos presenta a los héroes por un lado y a los malos por otro, lo hace de manera totalmente deliberada. De hecho, la propuesta es difícil de entender. No es que los alemanes aparezcan definidos como seres malvados, si no que directamente no aparecen ni perfilados. Y por si fuera poco, la película los presenta a consciencia de manera no individualizada. Nunca vemos su rostro, porque siempre van tapados de cara. Y ni siquiera se nos presenta una escena desde su punto de vista (las únicas secuencias en este sentido nos presentan la vista interior de los tanques y son más para el deleite de las vistas que por otro motivo). De hecho, cuando hablan los alemanes lo hacen en su lengua y sin siquiera subtítulos, con lo que aún queda más evidenciado el proceso de automatización que realiza la película. No es de extrañar que pueda que en algunos momentos la película pueda recordar incluso a sagas de ciencia ficción como Star Wars. De cierta manera, los soldados imperiales de la mítica saga se comportaban de la misma manera que lo hacían los alemanes en esta, sin moverse, sin hablar, sin que nos importe la historia que tienen detrás. Cuando uno de ellos cae en acción (y no son pocos), no deja de ser un clon más que cae sin que importe al espectador.

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Pero claro, el problema es que una cosa es hacer ciencia ficción y otra una película histórica (por mucho que esta sea más mítica y legendaria que otra cosa). Y cuando al enemigo se le convierte en un mero cacho de carne, lo cierto es que el rechazo se convierte en notable. El heroísmo se convierte en una prueba de fuego para aquellos que se vean totalmente ajenos al mito (es decir, el filme está producido y pensado únicamente para ser consumido dentro de la propia Rusia) y que acabarán hastiado de tantos clichés mil y una veces vistos en el género, como frases lapidarias y últimos gestos heroicos antes de que los soldados (soviéticos, claro) suspiren por última vez.

Total, que después de una primera parte interesante, donde vemos la vida cotidiana de la guerra, nos encontramos con una hora y media de metraje sobre tiros, tanques, granadas, gente gritando y disparando. Un espectáculo palomitero que únicamente sorprende por no haber sido estrenado en verano. En conclusión, el filme se convierte en una película de consumo interno, que no merece la pena si el espectador no está muy interesado en el mito que refleja la película o en comprobar a qué velocidad caen los alemanes delante de las metralletas rusas.

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