Sicarivs: La noche y el silencio (2015)

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El cine español puede sacar pecho últimamente. No son pocas las producciones que se han atrevido a intentar pisar nuevos géneros, que parecían olvidados y defenestrados desde la década de los años setenta. Si en estos últimos años hemos visto un resurgir del cine de terror, con Sicarivs: La noche y el silencio (Sicarivs: la noche y el silencio, 2015) nos encontramos con una interesantísima propuesta que además tiene relativamente poco recorrido en nuestro país, como es el cine negro.

Aunque decir que el filme que dirige Javier Muñoz se clasifica exclusivamente como cine negro sería un error. Es en realidad una película que recoge diversos elementos y los mezcla en una coctelera (aunque a veces quedarán desafortunadamente cuajos mal hilvanados). La película nos presenta a un personaje principal interpretado por Victor Clavijo, que encarna ni más ni menos que a un asesino a sueldo, eso sí, con mucho estilo. Los primeros minutos del filme son bastante inteligentes. El guión sabe perfectamente que ver un asesino a sueldo en España resulta chocante, más cuando el estilo del asesino es totalmente americano (el protagonista tiene una profesionalidad que recuerda a la de Tom Cruis en Collateral de Michael Mann), así que Sicarius es capaz de crear una atmósfera adecuada.

Después de esta presentación, se nos presenta el meollo del asunto. Nuestro protagonista se tirará atrás en un encargo, y para solucionar el enredo deberá liquidar a todos los que se encuentran detrás de la solicitud. La película se convierte entonces en un filme a contrarreloj, donde nuestro protagonista irá recorriendo algunos lugares comunes del thriller y el cine negro (el prostíbulo, la timba de póquer ilegal…).

Como punto positivo tenemos a una propuesta refrescante, que tiene algunos momentos de buen cine, no sólo dentro de nuestra filmografía, sino comparable a internacionales. El personaje de Victor Clavijo tiene un carisma importante, nos encontramos con varias secuencias bien rodadas y que mantienen el interés general. Hay ideas que aunque desaprovechadas, resultan también interesantes (por ejemplo, el montaje en paralelo, en el que vemos la formación de nuestro asesino, y que acaba confluyendo más o menos correctamente con el final de la película).

La interpretación de Victor Clavijo es uno de los grandes pluses de la película. A pesar de que el guión exige bastante del personaje (no sólo porque es el protagonista absoluto de la película, sino porque el actor se ha de enfrontar con un registro poco visto en España) es capaz de crear un antihéroe convincente. El reparto está bastante a la altura, y el mejor ejemplo de ello es la partida de póquer, sin duda el clímax de la película.

Sin embargo, también hay cosas que chirrían en Sicarius. No es una película redonda y a pesar de que se valora el esfuerzo de realizar una película dentro del cine español que se aleja de los géneros habituales, al filme le falta pulir ciertos aspectos. El más evidente de todos es el falso tono de cine social que intenta imprimir la película. Y realmente parece un error típico de novato (recordemos que el filme es la ópera prima de Javier Muñoz). Lo cierto es que la película no necesitaba ninguna justificación. Ya somos lo suficientemente mayorcitos como para asistir a un ejercicio nihilista (será por filmes…). Eso es precisamente lo que propone la película en numerosos momentos del metraje. Pero posteriormente el filme emponzoña su propio discurso con un extraño intento de moralizar la propia película. Como si el cineasta tratara de decirnos que realmente nuestro protagonista no es tan malvado en comparación con otros personajes (políticos, especialmente). Discurso que no tiene ningún sentido, y que parece demasiado artificial, pensado y determinado exclusivamente por nuestro contexto sociopolítico (buscando el aplauso fácil).

Otro de los defectos del filme es la pretenciosidad con la que el cineasta envuelve la película. Una cosa son las disertaciones filosóficas que tiene el protagonista, que hasta cierto punto pueden darle una determinada atmósfera al filme, y otra los monólogos interminables que acaban agotando (sobre todo cuando no tienen demasiada relación con las imágenes que va presentando la película). Además, la segunda película que encontramos dentro de Sicarivs: la noche y el silencio, no acaba de encajar del todo bien. El blanco y negro, el tono lírico que pretende recordar al cine de Melville…cosas que no acaban de encajar, por más que sean loables.

 

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