Robocop 2 (1990)

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Muchísimas fueron las personas que directamente no entendieron las motivaciones de Paul Verhoeven cuando realizó la ya mítica película Robocop (Robocop, 1987). Así que aun más controversia produjo la secuela de esta película, producida tres años más tarde, y dirigida por Irvin Kershner (el director de la mítica El Imperio contraataca). Cierto que Robocop 2 (Robocop 2, 1990) no está a la altura de su antecesora, pero lo que hemos de dejarnos hoy en día es de minusvalorar una película que de no haber sido por otras circunstancias (ajenas a la película) se la habría considerado de culto.

Sí, no está Verhoeven. ¿Significa esto que la película es una mera copia pensada únicamente para hacer dinero? Lo cierto es que la secuela que dirige Kershner tiene un alma propia, que le da su propia singularidad. Seguramente, porque hemos de tener en cuenta que en el proyecto participó el célebre escritor de cómics Frank Miller, quien le dio un toque totalmente personal. Sólo hay que ver las numerosas salidas de tono que nos presenta la película. Los que la han visto recordarán para siempre el violinista contorsionista, sin duda, aunque son constantes.

Robocop, la primera película, nos mostraba un Detroit que podía estar sumido en la corrupción y en la delincuencia, pero mantenía una cierta dignidad. Sin embargo, la historia que nos presenta Kershner va mucho más allá, tanto estéticamente como temáticamente. Para empezar hay que remarcar que la Detroit que tenemos delante de nuestros ojos es muchísimo más oscura. De hecho, puede incluso intuirse la influencia de la Gotham que tan sólo un año atrás había presentado Tim Burton, con su Batman (Batman, 1989). Detroit tiene algo de cómic, pero no de esos tebeos sesenteros que no pretendían romper ninguna barrera moral, sino todo lo contrario, de los cómics gamberros por los que los adolescentes eran capaces de hacer enfadar a sus padres. El tono alocado y suicida de estas historietas aparece también reflejado en la propia película, desde los momentos humorísticos (que no son pocos y pretenden en todo momento mostrarnos que la película no va en ningún momento en serio), pasando por el lenguaje empleado o incluso con uno de los protagonistas, que es un niño (aunque de armas tomar, de hecho el film rompe con la idea preconcebida de que no puede haber un niño haciendo de malo). Las bandas callejeras, la corrupción, la Detroit que nos presenta la secuela está igual de bien pensada (o quizá en este aspecto, mejor incluso) que la de la primera entrega. Y es seguramente, porque es donde se nota más la mano de Frank Miller. Quizá, donde también pudo trabajar más libremente. Por no obviar que la película carga sus tintas contra la corrupción empresarial (nuestro malvado es un empresario que pretende destruir la esfera pública para hacerse con todo el poder de la ciudad). Una hipérbole a priori exagerada pero que en realidad está totalmente en sintonía con la Detroit real (y si no, veamos en que se ha convertido actualmente).

Los problemas que ha tenido Robocop 2 son varios. Para empezar que es una secuela. Y ya se sabe que se pueden perdonar las sagas (aunque como todos sepamos, en algunos casos son interminables) pero no las secuelas. Pero desafortunadamente, también nos encontramos con muchos problemas internos.

El montaje no acaba de funcionar. La historia parece avanzar a trompicones y da la sensación o de que bien metieron tijera, o cortaron las alas a la creatividad. El tercio final de la película con la pelea entre Robocop y Caín resulta demasiado extenso en comparación con lo que realmente se está contando. Las secuencias de acción se eternizan y parecen no finalizar nunca.  Además, aunque la película pretende disimular lo que es mediante numerosos golpes de humor (que ojo, algunos son tremendamente efectivos) en realidad la historia no deja de ser bastante convencional (en cuanto a trama nos referimos) y no es capaz de desarrollar la multitud de cuestiones que podría haber explotado.  En realidad, el envoltorio de Robocop 2 supera con creces a lo nos enseña en su interior.

También la película tiene bastantes problemas con el diseño de efectos especiales. Por aquel entonces se estaba probando el go motion, y la película abusa de este recurso en exceso, provocando que medio tercio final del filme sea en realidad un tedioso espectáculo de estos FX, que para más Inri, vistos hoy en día resultan un tanto dantescos.

 

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