Círculo (2015)

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Circle (Círculo, 2015) es probablemente la peor película del año 2015, si exceptuamos pseudoproducciones Asylum y demás morralla de serie Z. La película, que ha pretendido ser vendida internacionalmente como cine independiente, es en realidad un aborto cinematográfico que no tiene reparos en aparentar ser un pastiche de diferentes películas, entre las más obvias, Cube (Cube, 1997) de Vincenzo Natali. Los responsables de parir (cinematográficamente hablando) dicho engendro son Aaron Hann y Mario Miscione, quienes además son también los responsables del guion.

Y es que los primeros minutos del filme pueden ser realmente de lo peor que se ha visto en el género de la ciencia ficción (el filme también toca el palo del terror). Para empezar, porque el guion del filme, no contempla ni en un solo segundo, la gilipolllez argumental que tiene que afrentar el espectador. La situación es la siguiente: Sin comerlo ni beberlo, una serie de personajes se encuentran en un escenario lleno de luces rojas. Las primeras situaciones estrambóticas y literalmente increíbles aparecen pronto. Lo lógico sería que los personajes intentarán moverse del sitio en el que se encuentra, ni que sea por una mera cuestión de lógica psicomotriz (aparecen encajados como si se tratara del juego de Twister). Pero en vez de ello, los personajes se despertarán lentamente de un extraño sueño, y empezarán a darse cuenta de que están completamente encerrados en una extraña sala, donde en el centro se encuentra una máquina letal que los va aniquilando uno a uno. Como digo, las antinaturalidad será la principal culpable del desastre del filme. Y es que las ideas originales son relativamente fáciles, pero plasmarlas en secuencias creíbles es algo mucho más complejo.

A partir de ahí, la película sigue ridículo tras ridículo, y lo digo especialmente por la antinaturalidad con la que los personajes reaccionan. La situación hipotética que presenta el guion necesita ser tratada con sutileza, pero en vez de ello, los personajes empiezan a chillar histéricos y a comportarse de la manera más idiota posible. En estos primeros quince minutos uno ya se da cuenta de que lo que le sigue va a ser más de lo mismo, un filme que no aporta absolutamente nada al género y que sigue repitiendo las mismas premisas que uno tiene ya en la cabeza. Los personajes arquetípicos van apareciendo con suma facilidad: El personaje blanco y adulto que pretende sobrevivir a toda costa, aunque para ello se convierta en una figura totalmente amoral, personajes que se sacrifican por el bien del grupo (atención a la muerte del adolescente, seguramente lo más patético que se haya visto jamás) y un sinfín de clichés que los guionistas no tienen pudor a repetir. La película nos lega momentos cómicos para una buena temporada: La abuelita vengándose con su “fuck you” el viejo banquero que pretende sobrevivir a toda costa, la dosis latina que no podía faltar en la película, los efectos especiales de la máquina…

Los paralelismos con Cube van especialmente ligados con la estética. Pero decir que la película que firman Aaron Hann y Mario Miscione tiene parecidos con Cube sería en realidad una afrenta. Digamos que más bien se trata de un mal reflejo de la estética de la película de Natali. Los decorados intentan emular el contenido postmoderno de la película canadiense, pero sin éxito. Hasta las animaciones y ruidos con los que cuenta la película parecen añejos, fijémonos por ejemplo en cómo va desapareciendo la gente eliminada. Ni siquiera se puede decir que el presupuesto del filme se invirtiera en los actores, visto el nivel interpretativo de muchos de ellos.

El guion, como decíamos, es más que problemático. Y creo que la razón fundamental es bastante obvia: Los cineastas tienen miedo a plantear algo tan simple como la representación del juego de Mafia al que básicamente la película copia (mírese la Wikipedia para ver las reglas del juego, que son prácticamente las mismas que muestra el filme). Y como no quieren presentarnos un juego al estilo Mafia, tienen que inventarse una serie de recursos que intentan asemejarse a la ciencia ficción pero que son totalmente ridículos. Dejar en suspense las cosas siempre acostumbra a ser un punto a favor, más cuando hablamos del género del thriller y el terror, pero es que realmente la película presenta situaciones totalmente inexplicables. ¿A qué se supone que están jugando los marcianos? ¿Por qué hay la necesidad de una bola “mágica” que es capaz de fulminar a todo aquel que se cambie de sitio”? Realmente las posibilidades eran para hacer una película de diez, pero no se ha aprovechado el potencial de la idea.

Y para concluir, podríamos citar el propio final del filme, un final que recuerda, por pésimo, al de una película también reciente, como es 10 Cloverfield Lane (Calle Cloverfield 10, 2016). Y es que parece que a los guionistas de Hollywood les den una paga extra por enmerdar los minutos finales de sus películas. Es el caso del filme, que en sus últimos minutos pretende bajar aún más el listón, mostrándonos una secuencia adicional que no sólo no aportan nada, sino que intentan darle un giro final al filme con estrepitosos resultados.

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