Criando ratas (2016)

 

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Mucho se ha especulado sobre Criando Ratas (Criando Ratas, 2016). El director de la “película” ha afirmado que se trata de una obra que nos presenta un resurgimiento del cine quinqui, o en sus propias palabras, el “neoquinqui”. Pero lo cierto es que el filme que dirige Carlos Salado poco tiene que ver con las películas de Eloy de la Iglesia o Carlos Saura. Más bien se trata de un híbrido a medio camino entre diversos géneros que fracasa estrepitosamente en todos sus objetivos. La película, después de diversos problemas en su producción, fue finalmente estrenada de manera gratuita en diversas plataformas, incluida YouTube.

De hecho, los motivos más interesantes para ver Criando Ratas, no provienen de la calidad artística intrínseca, sino de los motivos extra cinematográficos que rodearon el filme desde su nacimiento. La película fue un proyecto que inició prácticamente de manera individual el cineasta Carlos Salado[1] (quien trabaja en el mundo de la publicidad con prestigiosas marcas como la Once o la ONU entre otras) con gente de la calle, como es el caso del protagonista principal, Ramón Guerrero (ambos se conocían desde adolescentes), que consistía en rodar con un presupuesto irrisorio una película/homenaje al cine quinqui. Como decía, los problemas que ha tenido la producción han sobrepasado incluso la propia película, puesto que el propio Ramón Guerrero fue detenido por la policía (podemos decir que en parte este actor se interpreta a sí mismo durante el metraje, en lo que es una característica fundamental del cinema verité). Sin embargo, el director del filme esperó su rehabilitación para poder continuar el filme, con lo que este estuvo dos años en vereda.

¿Ahora bien, que es Criando ratas? El filme acaricia el cinema verité en muchos aspectos, cierto. Pero también nos encontramos con una indefinición pasmosa, porque la película tiene muchos aires e ínfulas. Es el caso de la puesta en escena, que en numerosas ocasiones pretende vendernos el filme, como si se tratará de una gran obra. Los planos y contra planos (que están hechos de una manera tan chapucera que duelen a la vista) se contradicen pues con media esencia de la película o las secuencias que emulan al cine quinqui, con una potente banda sonora de fondo y que no logran convencer. Podemos decir que hay dos películas en Criando ratas. Una que intenta documentar la sociedad quinqui como ya hiciera Eloy de la Iglesia, aunque fracasa en su intento, por dejarse llevar por el folclorismo. La otra parte de la película no es que fracase, es que directamente es un insulto a la inteligencia, como es la supuesta trama de película de cine negro que se nos pretende desarrollar y que se resuelve de mala manera.

Nunca sabemos cuál es el objetivo principal del cineasta. ¿Una documentación de la realidad? Podría parecerlo, tanto por el formato como por los propios personajes, que proceden de los mismos ambientes que representan. Ahora bien, ¿Qué objetivo tiene entonces el argumento de “thriller” que introduce la película? ¿Por qué la película está rodada de una manera y el contenido contradice la forma? Por otra parte, en muchos momentos no sé sabe si directamente el director se ríe de sus personajes (pongamos por ejemplo la secuencia en la que uno de ellos pide limosna para poder irse con la prostituta) o simplemente es una caricatura de este submundo. Esto puede parecer algo banal, pero en realidad tiene mucha más miga. ¿Qué es lo que pretende exactamente el filme? ¿Una aventura al estilo callejeros? Porque la denuncia no existe, sino que más bien la película se recrea en sus personajes, convirtiéndolos en una galería de freaks. Como si no hubiera ningún amor entre el cineasta y los personajes, que desfilan prácticamente por la película como lo hacía John Merrick hace dos siglos. Nos quedamos en la capa superficial, en los gestos y aspavientos de los personajes, pero no se logra una profundidad. Hay ínfulas en una cinta que debería ser mucho más humilde.

Cuando decimos que el presupuesto irrisorio, me refiero incluso a hechos como la propia producción, fotografía o incluso banda sonora, compuestas por el propio Salado. No sabemos si por un mero ejercicio de narcisismo o por pura necesidad, pero los resultados no son desde luego alentadores.

Lo único realmente destacable es la actuación del actor principal, Ramón Guerrero, que está absolutamente de fábula (quizá porque durante el filme se interpretó a si mismo). Puede que lo único para lo que haya servido la película sea para su rehabilitación, algo que es de agradecer. Siempre nos quedará la incógnita de si el filme hubiera estado en otras manos hubiera podido rehabilitar otros Ramón Guerrero. Aunque parece que los tiros fueron por otro lado.

[1] http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170120/187482194_0.html. Varias historias del rodaje así como de la producción han sido recogidas en períodicos, que más que fijarse en la calidad de la cinta, se han centrado en la producción.

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