La mujer y el monstruo (La criatura de la laguna negra, 1954)

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The creature from the black lagoon (La mujer y el monstruo, 1956; libre traducción española, como podemos ver) es una película de terror dirigida por el mítico cineasta de Jack Arnold (quien tiene otros grandes títulos de serie B en su haber, como el increíble hombre menguante). La película está producida por la Universal, y fue todo un éxito en Estados Unidos, llegando a dar una secuela que se rodaría (por el mismo Jack Arnold) tan sólo un año más tarde. Cierto es también que la mujer y el monstruo es una película de monstruos, pero hemos de tener cuidado al comparar el filme con las otras dos grandes obras de la Universal como Frankestein y Drácula, porque hay algunas diferencias. Para empezar, por cronología la película de Arnold se sitúa bastante tiempo después de que en la década de los años treinta los monstruos causarán auténtica sensación. Más bien el filme de Arnold se sitúa como un híbrido entre aquellas películas y las obras rodadas en 3d que tuvieron cierto apogeo en la década de los años cincuenta. Por otra parte, La mujer y el monstruo no está basada en ninguna obra literaria, y eso para bien o para mal, se nota en el filme de Arnold, que prescinde mayoritariamente de la palabra (en ocasiones, de manera excesiva) para centrarse en el aspecto visual y terrorífico.

El argumento del filme es realmente sencillo. Un grupo de exploradores se encuentra en Brasil cuando de repente hallan una inquietante a la par que interesante pieza fosilizada que parece pertenecer a una antigua criatura. Rápidamente iniciarán una investigación por el Amazonas para saber más, pero se encontrarán con una ingrata sorpresa. Un terrible monstruo que parece un híbrido entre hombre y pez, y que no es precisamente amistoso. Como podemos ver leyendo la sinopsis, La mujer y el monstruo es un filme mucho más simple que sus hermanas pequeñas de la Universal. No es menos cierto que también tiene algún logro interesante, y es que en algunas ocasiones la película parece preceder a situaciones de filmes de terror muy posteriores, como son aquellas secuencias en las que nuestros protagonistas esperan el ataque del monstruo, encerrados en el barco, y que evocan a las del cine slasher en la que un grupo de jóvenes espera que el asesino los vaya aniquilando uno a uno.

La película se rodó en 3d y eso, por desgracia, se nota en el filme. Muchos de los planos de la película están pensados exclusivamente para que en su momento pudieran provocar ilusiones ópticas. Pero visto hoy en día es el mismo que el de multitud de películas rodadas en 3d y vistas en televisión, un auténtico sopor.

Paradójicamente, en una época donde los remakes son constantes y donde todos los monstruos clásicos han sido remakeados, el monstruo de la laguna negra sigue manteniéndose como uno de los clásicos más independientes y que ha tenido menos secuelas y remakes. Los motivos son varios, desde la propia dificultad de recrear un monstruo marino (es mucho más económico ponerle la capa a un actor de origen centroeuropeo y decir que es Drácula), pasando por las propias ideológicas que subyacen en otros monstruos (la consciencia de la creación en Frankestein, el erotismo en Drácula…un largo etcétera) hasta la suplantación del tiburón como el monstruo marino por antonomasia (además de ser mucho más cercano a nosotros en cuanto a miedo subconsciente se refiere). Lo cierto es que, sean cuales sean los motivos, la mujer y el monstruo es uno de los “clásicos” de monstruos de la Universal, que ha quedado más olvidado. Y eso, que contiene algunos planos dignos de admiración, como las secuencias submarinas, que evocan ineludiblemente el filme que Spielberg rodaría veinte años después.

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Jack Arnold se sirve de la partitura que compone Joseph Gershenson para crear un hilo narrativo que tiene una importancia fundamental en el filme. Por momentos, Jack Arnold consigue una mezcla entre imagen y música sencillamente espectacular, buscando el último significado del cine. La partitura, como acostumbra a transcurrir en los años cincuenta, tiene la función de música programática y acompañamiento de las imágenes, pero en La mujer y el monstruo con una dosis adicional. Desafortunadamente, en ocasiones la música alcanza una estridencia agobiante (¿Sería eso lo que buscaban?) que más que horrorizar, martillea nuestro cerebro de manera repetitiva.

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