El zar (Царь, 2009)

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Царь (el zar, 2009) se trata de una película rusa dirigida en el año 2009 por Pavel Lungin. La película está directamente relacionada con la película que previamente a esta dirigió el cineasta, Остров (Exorcismo, 2006). No sólo porque ambas comparten actor principal, Pyotr Mamonov, sino porque tienen un trasfondo ideológico muy parecido, puesto que ambas película discuten el fervor religioso y su sitio (tanto pasado como actual) en la sociedad rusa.

El argumento utiliza una base histórica, como es el gobierno de Iván IV de Rusia, apodado con el sobrenombre de terrible, y se centra en un historia desconocida para el público español, como es la relación entre el metropolit (cargo religioso de la Rusia zarista) Filipo y el Zar. La película sigue más o menos el argumento histórico real, es decir, la llamada de Filipo a la capital de entonces, Moscú, para servir como líder religioso. Pero a pesar de la amistad inicial entre ambos personajes, pronto empezarán las hostilidades, debido a las obvias diferencias ideológicas entre ambos.

Como decía, tanto el zar como Exorcismo, deben verse como una dupla del cineasta, quien trata conjuntamente el tema de la obsesión religiosa. De hecho, y a pesar del título, el protagonista de el zar podría ser perfectamente el personaje de Metropolit que interpreta Oleg Yankovskiy. La cara y la cruz de una moneda. Ambas obras diseccionan el corazón de la ortodoxia rusa, y se adentran en los problemas y contradicciones de dicho movimiento.

La secuencia inicial está realmente bien pensada, y la utiliza el cineasta para construir un eje principal que continuará hasta el final de la película. En una celda, un hombre que reza desesperadamente nos muestra la pasión religiosa más exacerbada. Viste como un pordiosero, lo que hace confundir al espectador, que lo toma precisamente por el personaje de Filipo. Sin embargo, la sorpresa es mayúscula, cuando nos enteramos que en realidad se trata del zar. De hecho, gran parte del metraje se centrará sobre este debate, es decir, donde reside la auténtica fe. Por más que nuestro rey se dedique en cuerpo y alma en la búsqueda de un Dios, y su voluntad esté totalmente dirimida a este propósito, las acciones del zar contradicen totalmente sus pensamientos. Aquí, el cineasta nos presenta elegantemente la dicotomía entre el poder y la religión. ¿A quién servir? ¿Puede el poder seguir la moral cristiana? Continuamente se nos presenta a nuestro protagonista abusando de su poder político, aunque esto vaya en contra de su moral cristiana. La película nos dibuja a un zar enfermizo, inseguro e incapaz de actuar por su cuenta, obligado siempre, por sus propios instintos y las necesidades del poder, a tomar decisiones horribles. Por el lado contrario tenemos al personaje que interpreta Oleg Yankovskiy, el metropolit que a pesar de su inquebrantable fe, nunca se muestra presuntuoso. La comparación entre los dos personajes es más que evidente, mientras uno actúa con la falsa palabra, el otro lo hace con los hechos. La película se convierte pues en una elegante parábola, que culmina en un final tan trágico como ineludible a tenor de lo que propone la propia película, esto es, el poder y el mal están continuamente asociados y forman una pareja indisociable, mientras que el bien se encuentra precisamente en los detalles más mundanos, como nos muestra el personaje de la niña. De paso, el guión tiene también la sensibilidad de presentarnos los horrores de la guerra (la violencia, en el fondo, no deja de ser uno de los pilares que tiene el poder para legitimarse, véase si no la secuencia de la tortura a los presos, o la lucha contra el oso), a pesar de que la batalla está realmente mal filmada, todo sea dicho.

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La ambientación está bastante bien cuidada, y no tiene reparos en compararse con otras superproducciones. La reconstrucción del Moscú del S.XVI resulta sorprendente no por la magnificencia, sino precisamente por la realidad austera con la que el cineasta la retrata, y que se acerca bastante a la realidad de lo que por aquel entonces debería ser Moscú. Lo mismo se puede decir de la corte que rodea al monarca, los personajes de la Oprichina (la sociedad que creó Iván IV a modo de poder que fuera capaz de contrarrestar la autoridad de los boyardos)

Por cierto, a diferencia de Exorcismo, Tsar es una película mucho más abierta para el resto del mundo occidental. Los debates que presenta la película son mucho más comprensibles que los que encontrábamos en el filme anterior, Exorcismo, una película mucho más hermética y encerrada en sí misma.

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