La nueva Babilonia (1929)

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Новый вавилон (Nueva Babilon, 1929) se trata de una película soviética dirigida por Grigori Kozintsev y Leonid Trauberg. La película, utiliza un argumento histórico para servirse de plataforma ideológica. Como muchos otros filmes de la intelectualidad soviética del momento, la intención del filme es la mostrar los nuevos valores de la revolución soviética, utilizando el cine como herramienta. En este caso, el argumento nos traslada a la icónica fecha del 1870 (algo habitual en el cine soviético es la de rememorar y utilizar la historia como arma didáctica), durante la desastrosa (por lo menos para los franceses) Guerra Franco-Prusiana. No es casual que se elija este tema de la historia, puesto que dentro de la historiografía marxista tiene una importancia capital. Después de la derrota francesa, en París se estableció un gobierno que Marx calificó como el primer gobierno socialista de la historia (aunque entre otros historiadores socialistas coetáneos ha habido controversia en calificar a este gobierno como efectivamente socialista). Rápidamente fue aplastado por los poderes reaccionarios, que actuaron desde el sur de Francia como un rodillo. Obviamente la historia está contada desde una perspectiva contemporánea, y tiene una clara relación con la propia historia de la revolución soviética. Aún así, es una película interesantísima, quizá una de las últimas películas mudas en las que el lenguaje cinematográfico empleado resulta de un gran interés.

La historia se centra en un argumento aparentemente intimista, aunque de fondo la historia trata un acontecimiento histórico, como comentábamos. La comuna de París. El caso individual es el de una de las mujeres (atención porque el papel de las mujeres en el filme es bastante importante, tal y como remarca la secuencia en la que todas juntas se enfrentan a los soldados, intentando quitar los cañones apostados contra el propio pueblo; como importante fue el papel durante la propia revolución soviética) que mantiene una relación amorosa como uno de los soldados

La película bebe de manera evidente del cine y el montaje del director soviético Einsentein. La película combina un atrevido metraje que en los momentos más dramáticos demuestra un uso del montaje ejemplar. Por ejemplo, cuando el cineasta nos presenta a los soldados franceses siendo engañados por los líderes burgueses para que ataquen a su propio pueblo, es en ese momento cuando la película combina un acelerado montaje para acentuar la sensación de tormenta que está a punto de empezar y que puede palparse mediante el recurso empleado. Y a lo largo del montaje nos encontramos con numerosas secuencias parecidas, realmente el filme no tiene nada que envidiar a otras películas coetáneas.

La música es un elemento clave en el filme y una de sus grandes bazas. No en vano, la música la compone el mismísimo Shostakovich, uno de los referentes musicales de la primera etapa soviética (recordemos que el propio Shostakovich escribiría años más tarde una sinfonía durante la segunda guerra mundial, como oda a los defensores). Pero la banda sonora no se limita a una música programática que compone unicamente una música que acompaña a la historia, sino que en realidad juega un papel experimental muy interesante. Para empezar, la banda sonora pretende condicionar ideologicamente al espectador, siguiendo con la propuesta argumental. El mejor ejemplo de ello es la deformación que se realiza sobre el himno nacional francés. La película pretende presentar a los soldados como marionetas en manos de la burguesía, y el momento en que uno de los políticos suelta una soflama llena de nacionalismo pero vacía de contenido, es el momento en el que Shostakovich mezcla las notas del himno francés con las del can can de Offenbach, en una befa que resulta muy anticipada a su tiempo. En definitiva la película utiliza la música para denunciar el absurdo del nacionalismo, en contraposición con la lucha de clases.

En definitiva nos encontramos ante una obra que desafortunadamente es poco conocida pero que merece la atención de los más cinéfilos. Imposible rechazar un tándem en el que se mezcla lo mejor del cine soviético con Shostakovich.

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