The Void (2016)

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Una clara elegía a Lovecraft, es lo que es precisamente The Void (The Void, 2016) una película estrenada en el festival de Sitges del pasado año y dirigida a medias entre Jermy Gillespie y Steven Kostanski. De producción canadiense, la película es una mezcla entre los filmes de terror de los años ochenta y un homenaje a la literatura del citado Lovecraft. Hay que añadir que la producción y la mayoría del reparto son canadienses, una cinematografía que si bien hasta ahora se dedicaba a producir a mansalva películas directas a un mercado menor, en la última década han sido capaces de perfeccionar la calidad de sus obras.

El argumento es sencillo, pero el filme no desvela sus intenciones de golpe, sino que se dedica poco a poco a ir soltando los entresijos de la trama. En realidad, uno de los grandes juegos de la película consiste en precisamente en ir sorprendiendo al espectador con diferentes golpes de efecto. Algunos bien intencionados, otros cogidos más con pinzas. El inicio de la película es de hecho la esencia misma del filme: Sin que sepamos porque, lo que parecen un par de psicópatas intentan matar a sangre fría a dos personas. Una de ellas consigue escapar, y se encuentra con un policía, nuestro personaje principal, interpretado por el actor canadiense Aaron Poole, quien lo llevará a un pequeño hospital que se encuentra en remodelación, y donde trabaja precisamente su exmujer, interpretada por Kathleen Munroe. A partir de ahí, la trama se complicará enormemente, tocando numerosos palos del género, incluyendo el fantástico y el thriller.

No es la dirección uno de los fuertes de la película. Ya al inicio de la obra se puede observar una cámara dubitativa, que en algunas ocasiones aborda de manera fallida a nuestros personajes siguiéndolos mediante cámara en mano. Una narrativa muy poco sólida que no encuentra su sitio ni tampoco sabe exactamente como ajustar la forma con el fondo, si exceptuamos algunas partes concretas del metraje. Es cierto que hay momentos a destacar, pero no están creados por la dirección, sino por la ambientación que aporta el maquillaje y los efectos especiales.

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Y es que uno de los puntos más decisivos del filme es sin duda los efectos especiales y el maquillaje. Esto puede sonar a priori contradictorio, pero en realidad estos dos elementos constituyen per ser una más que interesante parte clave del filme. La atmósfera del filme, que es el gran pilar en el que se sustenta la obra (a años luz del argumento) está constituida en estos dos pilares, de los que hay que hacer mención obligatoriamente. Especialmente por la recreación que consigue hacer el filme de algunas secuencias, y es que pocas veces se ha conseguido plasmar en la gran pantalla un panorama tan desasosegante como el que nos presenta el filme, especialmente en los últimos minutos del metraje, donde como bien dice una de las líneas del diálogo, nos encontramos ante el mismísmo infierno. Los cineastas, ayudados por un genial equipo técnico, son capaces de dar (por lo menos en gran medida) una atmósfera que inevitablemente recuerda a las obras de Lovecraft (desde los monstruos, pasando por el portal interdimensional, citando obligatoriamente las criaturas que parecen existir antes que el bien y el mal, como los primigenios, incluso algunas citas argumentales como la del Mad Doctor…), pero también parecen aparecer otros elementos populares. El hospital desierto recuerda a la saga de videojuegos de Silent Hill, así como el diseño de algunas de las criaturas que aparecen hacia el final.

 

Uno de los grandes problemas del filme es su superficialidad. A pesar de que los elementos del filme evocan a los grandes pilares del género fantástico, la película no es capaz de pasar de la cita. La profundidad no se vislumbra y desafortunadamente todo queda en un giñapo que como película de serie B sin pretensiones tiene su público y su funcionamiento, pero que deja la sensación de que se podría haber aspirado a un poco más.

En definitiva, una película obligatoria para los amantes del género, pero que no esperen una obra maestra, sino una obra artesanal hecha desde el amor a lo más nauseabundo. Hacia aquellos seres que estaban antes que Dios y el Diablo y de los cuales apenas podemos llegar a entender. El horror cosmológico os espera.

 

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