Headsot (2016)

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La cinematografía de acción malaya está últimamente dejando sobre el terreno bastantes películas que han roto la barrera comercial local, para entrar en el mercado internacional. El caso más sonado fue el de The Raid: Redepmtion (Redada asesina, 2011) una coproducción ente Indonesia y Estados Unidos y dirigida por el director británico Gareth Evans. El caso es que la película fue un éxito (que contó con secuela y todo), a pesar de que el filme tenía numerosos agujeros en su argumento. Por no decir directamente, que este último no existía. A una escala reducida, lo de Indonesia recuerda al cine coreano y sus thrillers, que han sabido pulirse una “marca”.

Y con el último filme a la moda, Headshot (Headshot, 2016) nos encontramos con los mismos defectos, pero aún más amplificados si cabe, puesto que además del guión, la dirección es un desastre absoluto (la película está coodirigida entre Kino Stamboel y Timo Tjhajanto). Realmente no hay nada destacable en este subproducto que hace que las películas de Stallone y Schwarzenegger parezcan películas para intelectuales. Y esto, no es en absoluto una exageración.

Y es que el filme no tiene ningún sentido, desde el minuto uno en el que arranca. Vemos como un policía en una prisión se acerca a una celda de máxima seguridad, donde está encerrado un malo maloso. En cuestión de segundos se lía la marimorena, y ya podemos comprobar atónitos a que juega el filme. Probablemente observamos entonces el peor tiroteo filmado de la historia, por lo menos en cuanto a películas de corte “serio” se refiere. Si, es cierto que la película coquetea con el cine oriental de acción en el sentido de que por momentos no se toma en serio a si mismo, pero también es verdad que en líneas generales la película no va por ese camino. Volviendo al tiroteo, es absurdo se mire como se mire. Los personajes se pegan cuarenta tiros pero sangran lo necesario (pero tranquilos, que Gore tenemos para aburrir), mientras que los efectos especiales son lo más cantosos que se pueden ver (en serio, fíjense como se recrea con ordenador los impactos de bala). Luego, ver a los policías y a los presos disparandose en una cuadrícula de dos por dos, es de todo menos un buen augurio para lo que viene a continuación. La puesta en escena intenta tapar todos sus agujeros con ángulos excéntricos y disparatados que lo único que consiguen es ponernos nerviosos. ¿A qué viene ese plano firmado con grúa?

Y es que este inicio del filme no es una rara avis. La película sigue exactamente la misma “lógica” en cuanto a escenas de acción se refiere. Es decir, la espectacularidad forzada, la violencia…pero sin duda, lo que más destaca negativamente es una puesta en escena totalmente excéntrica, que no hace nada más que acrecentar la payasada de la propuesta. Todo lo que pueda parecer inverosímil tiene su cabida en Headshot. Ir a lo concreto sería un ejercicio sadomasoquista, pero poner algún ejemplo, podemos citar la secuencia del autobús, donde sin comerlo ni beberlo los malos se cargan a todo quisqui de manera gratuita, o la que tiene lugar en la comisaría, cuando nuestro protagonista se pone a repartir estopa a puñetazo limpio.

Entonces, sin que sepa el porqué, se nos pide una suspensión de la conciencia. Por parte de los seguidores del género se nos pide que olvidemos un marco referencial, que al fin y al cabo, esto es sólo un mero entretenimiento. Marco, que nunca perdonaríamos a otros géneros, sea romántico o comedia, incluso al cine de terror. Pero parece que en películas de acción hemos de olvidar todo lo referente a una lógica interna.

Hablar de argumento sería hacerle un auténtico favor al filme. Digamos que la película es un correcalles en el que todo está pensado para el lucimiento de la violencia. El malo que se libra de la cárcel (y que tiene todos los clichés que se le puedan añadir a un personaje de semejantes características) tendrá que enfrentarse a uno de sus secuaces, que ha perdido la memoria. Y ya está, ni más ni menos ese es el argumento del filme, en el que además se incluye una estúpida relación de amor, que más bien es un mcguffin para acelerar las escenas de acción.

En conclusión, para hacer una película de acción correcta, hay que tener talento. Y eso es precisamente lo que no tiene la obra. Para substituir la precaria imaginación se recurre a la sangre, el gore, la tortura, las artes marciales del mercadillo…elementos que los más avezados reconocen como trucos de baratija para tapar las carencias. El éxito resulta incomprensible, y quizá se deba a una sociedad que directamente busca en estas cintas de serie B una pornografía violenta. Precisamente por eso se pide una supensión de los elementos referenciales, porque aquí se ha venido a lo que ya sabíamos. Pero en serio, he visto secuelas de terror ochenteras con mejor argumento que esta bazofia.

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