Señor, dame paciencia (2017)

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No, así no. No es este el camino para abrir una vía dentro del cine independiente español. Es más obvio que la película, Señor, dame paciencia (Señor, dame paciencia, 2017) bebe de homólogas norteamericanas, donde los referentes más claros son Little Miss Sunshine (Pequeña Miss Sunshine, 2006) o Juno (Juno,2007), pero desafortunadamente, lo que ha hecho el cineasta de Señor, dame paciencia ha sido seleccionar los peores defectos de la ola del cine independiente (utilización de una música ligera que crea intrascendencia en vez de ligereza, personajes que pretenden huir del arquetipo tradicional pero que acaban cayendo en el mismo pero en su versión Freak, intrascendencia revestida de profundidad…) en vez de fijarse en otros aspectos. Se agradece el esfuerzo y la interpretación de Jordi Sánchez, como el padre protagonista, (y poniendo ciertas pegas, como veremos a continuación), pero la voluntad no es suficiente para perdonar el filme que dirige Álvaro Díaz Lorenzo.

El argumento es bastante simple: Una familia debe afrontar el fallecimiento de la madre (interpretada por Verónica Forqué) y para ello deciden entregar las cenizas a su pueblo natal. El padre de familia, quien como ya hemos dicho, está interpretado por Jordi Sánchez, es de ideología conservadora, y se opone profundamente a sus hijos, que le han salido “rana”. Si a esto le añadimos que la película se ambienta en un pueblo de Andalucía, tenemos todos los clichés derivados de la moda de 8 Apellidos Vascos servida en una bandeja de plata.

Empecemos con el personaje que interpreta Jordi Sánchez. Esta claro que el actor es uno de los reclamos más evidentes de la película, y consigue con creces sobrepasar las expectativas, por lo menos en cuanto a interpretación se refiere. Sin embargo, el guión no acompaña en la creación de su personaje (bueno, en general esto sucede con todos y cada uno de los personajes) que no deja de ser un refrito del mismo personaje que tan popular ha hecho el actor, como es el del “rancio” de la serie de tele visión de “La que se Avecina”. Es decir, la película, se dedica a calcar una fórmula de éxito, con un personaje racista, homófobo y por supuesto, del Real Madrid. Un cliché fácil que si bien en la serie podía funcionar, aquí acaba cansando, en parte porque se ve venir, y en parte porque los chistes racistas y homófobos se acaban repitiendo sucesivamente. Y por si fuera poco, el discurso principal de la película es el mismo que el de la serie de televisión, esto es, enfrentarlo con un hijo suyo que es homosexual y que por supuesto, de primeras no es capaz de admitir. Pero para rizar el rizo, sólo hay que decir que precisamente el personaje que interpreta a su hijo homosexual es ni más ni menos que Eduardo Casanova, también conocido por interpretar a un homosexual en la otrora popular serie de televisión, “Aida”. Vamos, que los productores y guionistas, lo que se dice estrujarse el cerebro, no lo hicieron.

Pero todo esto podría haber sido salvado si la película hubiera destilado algo de profundidad, o por lo menos, personalidad, pero se trata de un fracaso de principio a fin. El guión continuamente se choca con la cuestión principal (primero se enfadan, luego se reconcilian, luego se vuelven a enfadar y así sucesivamente) y no sabe como desarrollarla, sino que este queda totalmente atascado. El desarrollo de personajes es un despropósito y se nota la intención de crear personajes cercanos al espectador (por ejemplo, la secuencia en la que graban un mensaje de voz en Whatssap de manera involuntaria) pero los resultados acaban por mostrarnos una retahíla de clichés que no por ser extravagantes consiguen huir de su cáscara. Los personajes están vacíos desde el primero al último. Los diálogos en vez de mostrarnos personajes adultos, parecen reflejar adolescentes en plena edad del pavo.

La música es otra de las piezas que no encajan. El cineasta emplea la banda sonora de una manera reiterativa, sin conseguir darle pausa a los personajes. No hay ningún diálogo asentado, en parte porque continuamente la música nos da la matraca y no deja respirar a las escenas. Un burdo intento de dar a la música el mismo valor que las otras películas independientes anteriormente citadas, pero que no consigue en ningún momento emocionar. Desafortunadamente se respira sobre el filme la influencia de los anuncios de cerveza tan típica de la época del verano en la que se estrena la cinta. Una lástima, porque el reparto ofrecía unas expectativas más altas.

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