Wind River (2016)

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Wind River (Wind River, 2017) se trata de la segunda película que dirige Taylor Sherind, célebre guionista de películas tan comentadas como Comanchería y Sicario. Se trata de una película que en gran medida sigue la senda de las películas anteriormente citadas, y que en mi opinión consolida a Taylor Sheridan como uno de los valores más interesantes y atractivos en este tipo de cine que sin olvidar su aspecto comercial, pretende también convertirse en algo más que un mero entretenimiento.

El guión, que viene de la mano del propio director nos presenta una historia turbia: En un pequeño poblado de Wyoming, se produce un asesinato que nuestro protagonista principal, un Sherriff local, interpretado por Jeremy Renner deberá investigar en colaboración de además con sus ayudantes y policías, junto a un agente del FBI, interpretado por Elizabeth Olsen. El personaje de Olsen se trata de un personaje más o menos arquetípico, de profesional que a pesar de su buen hacer es ninguneada por pertenecer a una comunidad diferente, y porque sus compañeros de profesión la consideran demasiado blanda para un lugar tan inhóspito, aparte de por ser obviamente una mujer. Un personaje con el que el espectador puede empatizar rápidamente, quizá más que con el protagonista masculino, en cuanto este último está totalmente traumatizado por la pérdida de su hija, años atrás.

Wind River es uno de aquellos thrillers norteamericanos que han aflorado últimamente y que mediante una historia de intriga son capaces de desarrollar una trama que va más allá de lo policial, mostrando una de las caras ocultas de América. Ciertamente además lo hace desde un escenario al que estamos poco acostumbrados, como es una pequeña ciudad en el estado de Wyoming, uno de los estados menos conocidos por los europeos. Y es que si es cierto que en otras películas habíamos visto sociedades cerradas, que desconfían tremendamente de los extranjeros y que viven con reglas a nuestros ojos “medievales” pero no con el interés que se produce en Wind River. El escenario donde transcurre la acción, es de hecho un protagonista más de la película, incluso podríamos decir que es el principal, en cuanto toda la película gira precisamente en torno a este y a la descripción del mismo.

Wind River nos habla fundamentalmente de perdedores. Sin ningún atisbo de duda, es precisamente la radiografía de una población que se encuentra en la miseria moral, de lo que nos habla la película. Si en Detroit la crisis económica se cebó con la industria, en este pequeño pueblo además nos encontramos con otros problemas propios de la geografía norteamericana. Por una parte, la película nos describe la encrucijada en la que se encuentran numerosos descendientes de los auténticos norteamericanos, esto es, los “indios” que actualmente viven en el pueblo de una manera totalmente alejada a su propio pasado. Es cierto que como nos muestra la película, algunos de ellos intentan ligarse a sus tradiciones, pero en una secuencia maravillosa, en la que vemos como uno de estos indios se ha pintado la cara de manera aleatoria como consecuencia del duelo por su hija asesinada, nos damos cuenta de que han perdido los eslabones culturales. Se encuentra desubicados, en un mundo que les ha dado la espalda, y si mientras unos intentan esa unión, que es a todas luces un fracaso, los jóvenes encuentran otras escapatorias, como la droga. Pero no sólo la comunidad indígena se encuentra asfixiada, también los propios occidentales se encuentran en un ambiente que no es apto para la vida, o por lo menos no como la conocen la mayoría de habitantes norteamericanos. No sólo por las condiciones climatólogicas en las que de manera extrema deben sobrevivir, sino porque se encuentran totalmente alienados.

Para la descripción, el cineasta se sirve de numerosos recursos, entre los que podemos destacar un ágil montaje (que no trata de sorprender al espectador y nos presenta a los culpables antes del final), una banda sonora que juega con la emocionalidad de las imágenes que está describiendo, así como una sólida puesta en escena que es capaz de mostrarnos los paisajes donde transcurre la acción de una manera que resulta sublime ( en su concepción más propia de Burke).

¿Qué elementos negativos se deben citar? Es cierto que al guión de la película podemos ponerles algunas pegas, como la sensación de Deja Vu que recorre la película, en especial durante su última parte del metraje. Por otra parte, hacia el final de la película hay una declaración de intenciones que resulta demasiado ambivalente. Parece, que por momentos la película pretende defender el discurso justiciero que toma el protagonista, y que puede ser malinterpretado.

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