El hombre anfibio (1962)

Basada en la novela de Aleksander Beliaev, la película человек амфибии (El hombre anfibio, 1962) se convirtió en la película más taquillera de aquel año en la Unión Soviética, consiguiendo reunir a 62 millones de espectadores. En cuanto a terrenos artísticos los logros de la película son más discutibles, y nos encontramos ante uno de aquellos casos que dividió a crítica y público. La película está dirigida por dos directores: Vladimir Chebotarev y Genadi Kasanski. El guión del filme estuvo mucho tiempo guardando polvo en el cine estudio Lenfilm, pero ningún director se atrevía a dirigir el filme por los problemas técnicos que acarreaba el escenario en el que debía transcurrir y precisamente Vladimir Cheboratev tenía experiencia en rodajes submarinos.
La Obra de Beliaev es una obra maestra del género. Publicada en el 1926 la obra supone un punto culmen en la ciencia ficción soviética. Mezclando elementos de otros genios de la ciencia ficción, como es la visión de la Isla del Dr. Moreau de H.G Wells (donde también hay un doctor realizando experimentos científicos y biológicos entre animales) y algunas novelas de Julio Verne, especialmente las que atañen a todo lo submarino, la obra se convierte por méritos propios en una novela capaz de erigir sus propios debates morales, muy relacionados con el contexto social y económico en la que se realizaron.
El guion sigue los principales hechos de la novela, aunque suavizando precisamente lo que es más interesante de la obra original. En Argentina corre el rumor de un diablo marino que aterroriza a los pescadores. Pero resulta que no es un diablo, sino Ixtiander, un hombre medio humano medio pez, que puede vivir en el agua y que ha sido creado por Salvador, un doctor demiurgo. El pescador Pedro Zurita se encontrará con el diablo marino, e intentará quedárselo para su propio beneficio (conseguir perlas) mientras que en ese mismo encontronazo, Ixtiander se prenda de la prometida de Pedro. El lío está montado, en una película que anticipa con muchas décadas la última ganadora de los Oscars, La Forma del agua, por proponer el amor entre dos especies diferentes.
El problema principal de la película es que es una versión edulcorada de la novela, que ya de por sí resultaba totalmente Naive con los ojos de los años sesenta. El cuadrado amoroso, una de las claves de la modernidad de la novela es simplificado en la película (Apenas queda insinuado). Por otra parte, el terror que podría suponer Ixtiander queda en agua de borrajas porque en la película no deja de ser una persona corriente disfrazada con un atuendo especial para el mar. De la novela también se eliminan los experimentos al más estilo Moreau que nos mostraban fusiones entre especies animales (de eso se olvida completamente la película). Está claro que se quería presentar todo de una manera pulcra y limpia, sin intentar ofender al espectador puritano. Tampoco aparece en el filme uno de los pasajes más inteligentes de la novela de Beliaev, como es el final, donde el doctor Salvador expone ante un jurado sus experimentos, y es juzgado. En la novela este pasaje final servía como un debate moral en el que se exponían diversos temas: ¿En base a que leyes una sociedad puede juzgar a un genio? ¿Cómo puede avanzar la ciencia si es limitada por la ley? En vez de todo esto la película opta por un final mucho menos complejo. Todos estos cambios ya fueron criticados por la crítica Soviética del momento.
La película tiene su punto fuerte en la fotografía. Mientras que la trama se decanta como ya hemos visto por el pasteleo más superficial, la fotografía consigue construir un mundo de fantasía que funciona como un auténtico cuento a medias entre la imaginería de Beliaev y los mundos de Verne. Para ello se fundamenta principalmente en un pintorequismo y colorido casi extenuante, especialmente en las escenas de día y en lo que son los exteriores (O por lo menos lo que podríamos diferenciar de la Guardia del doctor Nemo…digo Salvador) pero también tiene soluciones interesantes para la salida de Ixtiander por la noche, en la que vemos todas esas luces de neón que parece indicar un peligro indirecto para nuestro protagonista (como una indicación de los males decadentes del capitalismo, el vicio e incluso alguna insinuación muy leve a la prostitución).

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