Se Acabó La Resaca

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Y Todd Phillips cerró finalmente la trilogía. ¿Quién se lo iba a decir, en el 2009, cuando se estreno la primera de la saga, que lograría un éxito tan desmesurado? Seguramente ni él mismo se lo hubiera imaginado jamás y es que antes de entrar en la saga que le reportaría millones de beneficios, Phillips no había dirigido una película similar, pese a la interesante visiones de “Starsky y Hutch” y de “Aquellas juergas universitarias”.

Todo empezó con la primera entrega de la película. Muchos debates en torno a ella se han sucedido, pese al tremendo apoyo popular la película no goza del mismo dentro de la crítica, y muchos han tratado de hundirla. No hay que decir que la película no inventa nada, pese a que pudo sorprender al público general, que no esperaba un esquema narrativo que no fuera tan simple como el que las comedias norteamericanas acostumbran a utilizar. Pero es sólo un aliciente que nos explica su éxito. Seguramente la verdadera clave de la primera entrega de la película es que supo dar en la diana en su elaboración de personajes y situaciones, creando un compendio de momentos que al espectador se le hacían tremendamente cercanos, pese a no haberlos vividos nunca. Porque Resacón, más allá de su calidad cinematográfica, se ha convertido en una película generacional, que capta perfectamente el Zeitgeist o esencia de nuestra época.

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No sólo porque el espectador se sentía compenetrado con unos personajes que ofrecían diversos matices y con los que el grupo de amigos que veía la película podía sentir semejanzas. Sino porque representa el espíritu de fiesta imponderable de nuestra época. Resacón es la fiesta que la mayoría de gente ha tratado de experimentar en sus carnes, es un canto matérico a la vía expiatoria que supone la fiesta más alocada y salvaje. El mundo representado en Resacón se hace trizas, pero los protagonistas se dedican a una fiesta alocada que no termina nunca, hasta cuando la película se acaba, Phillips sigue jugando con nosotros en los títulos de créditos.

No es casualidad que los protagonistas no sean precisamente pubescentes como los de American Pie o cualquier otra película parecida. Los protagonistas de Resacón son ya personajes adultos con vidas asentadas (Stuard es el gran ejemplo de esto en toda la saga). Phillips los escoge en esta situación porque quiere mostrarnos que la juventud y el divertimento de esta nunca termina, que siempre hay tiempo para una celebración final. El espectador quiere que ellos vivan para realizar su propio sueño de eterno retorno del momento presente.

Y vino la segunda entrega de Resacón. No por casualidad sino porque el público la pedía. Porque precisamente quería volver a disfrutar de un evento que quizá (o más bien dicho seguramente) no disfrutarían jamás, pero sabían que sus sueños serían representados en ellos. La gente quería volver al jolgorio y a sentir el calor de los personajes, que pese a sus absurdas idioteces, resultan más cercanos que otros personajes realistas. El gran ejemplo es el personaje interpretado por Zach Galifianakis que pese a ser un idiota total, conseguía ganarse el respeto del público. La segunda entrega se encontraba cinematográficamente mucho más lejos en calidad que la primera, siguiendo un esquema ya viciado en el que la sorpresa había dejado de tener fundamento, y se basaba en otras cuestiones para tratar de conseguir la atención del espectador.

Y llegó la tercera y supuestamente última película de la saga. Supuestamente, porque ya conocemos como es Hollywood, un auténtico devorador de ideas y dinero, que seguramente reexplotará la saga hasta el máximo, si bien dudo que Phillips, el director vuelva a embarcarse en el proyecto. Y es que Phillips, al igual que los personajes de la tercera entrega, se ha visto obligado a madurar. Recordemos que él mismo ha dirigido entre la saga de Resacón, la interesante “Salidos de Cuentas” que contaba con Zach Galifianakis y Robert Downey Jr, una pareja cómica que funcionaba correctamente en la pantalla. La propia saga de Resacón se ha convertido en un monstruo que ha devorado Phillips y ha sido él mismo el que ha tenido que acabarla, renovarse o morir que dicen.

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Por eso, casi la nostalgia más que el humor, es el tono dominante de la última entrega. Los amigos han vuelto para una última fiesta, pero ellos mismos lo saben, son autoconscientes de que la saga y la película se acaba (hasta hay referencias a la propia película, aparte de los guiños a las entregas anteriores de la saga). Por ello se recurre a una música que intenta cubrir el tono de la película, incluyendo esas dos magníficas versiones de la canción de Johny Cash (que a su vez era otra versión) de Hurt. Sí, digo magníficas, porque que pese a una de ellas está incluida en la película de manera diegética y buscando el sentido del humor, es cierto que también denota un patetismo de borrachera que agoniza, de momento de punto final de la embriaguez. Y la otra versión, que suena en la película, de manera extradigética, ya hacia el final de la película, no es más que una síntesis de lo que hemos estado viendo, aparte de una despedida dolorosa.

Y se acabó, o eso parece. Espérense a los títulos de créditos y no dejen la película. Porque ciertamente el mundo está dominado por Johns Goodmans y Leslie Chows, pero siempre hay tiempo suficiente para coger una buena resaca.

Kyrios

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