Ostrov (Exorcismo, 2006)

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Ostrov (Exorcismo, 2006; mal traducida como Exorcismo, parece ser que el nombre de la Isla era ya demasiado socorrido) se trata de una extraña película rusa, que fue dirigida por el cineasta Pavel Lungin a mitades de la década de los años 2000 y que cosechó buenas críticas tanto a nivel nacional como internacional (siendo nominada en el festival de Sundance). Y viéndola, desde luego uno entiende en cierta manera porque fue aclamada en su momento, pues la película conecta de manera directa con el alma  y la literatura rusa, aquella que en una de sus vertiente nos muestra la vida de los anacoretas y místicos que viven en el agreste paisaje ruso, totalmente aislados del mundo.  El filme recuerda de manera inevitable a la literatura de Tolstoi, Dostoievski (Con Crimen y Castigo como máxima referencia) y otras grandes obras de las letras de la literatura rusa. Sin embargo, esta esencia no es capaz de traslucirse para ir más allá, con lo que Exorcismo no pasa de ser una mera imagen de los auténticos maestros, que persigue un no sé que, que queda siempre incierto en la película.

La película arranca con un flashback ambientado en la segunda guerra mundial. Ahí,  se nos presenta nuestro personaje principal, interpretado por Pyotr Mamonov, quien  es un marinero que es capturado por los alemanes y obligado a asesinar a su superior, un compatriota. Debido a los remordimientos que tendrá a raíz de este suceso, se internará como monje en esa misma isla, durante el resto de su vida (a partir de este flashback la película se centrará y ambientará en la década de los años setenta, es decir, no en una Rusia contemporánea). Como vemos el argumento da juego para una profunda disección psicológica, y en efecto así será, porque la película entera se centrará principalmente en los problemas psicológicos de este personaje, así como los debates que girarán a su alrededor, la mayoría de los cuales están relacionados con temas espirituales. No vivirá del todo aislado, porque existe una orden monástica con cuyos miembros el guión se sirve para crear situaciones con las que interactuar con nuestro protagonista principal.

Y superficialmente, ese es todo el desarrollo argumental de nuestra película. El conflicto vendrá de una lucha interna (y en gran parte con el entorno) pero no nos encontraremos con un desarrollo convencional de inicio, nudo y final. Eventualmente irán llegando a la isla diversos personajes que atraídos por la leyenda del personaje y que tratarán de pedirle algún tipo de ayuda “mágica”, pero en realidad, si no fuera por el último tramo, prácticamente podríamos decir que la obra se construye sola y sin injerencias fuera del contexto de la isla. Lo que además incremente aún más la sensación de introspección, que en definitiva es lo que pretende el filme.

La culpa es uno de los temas principales del filme. Nuestro protagonista principal está completamente traumatizado por lo que sucedió durante la guerra. El actor que interpreta al personaje consigue transmitir su dolor y el espectador se compadece por su remordimiento, aunque los excesos del personaje a lo mejor pueden resultar ajenos al espectador. La tortura del personaje, que en cierta medida nos recuerda a nuestra propia historia con personajes como Santa Teresa de Jesús a la cabeza, culminará en un clímax impactante (en contraposición con la parte central del metraje, más contemplativa que activa).

Otro de los temas importantes que toca la película está relacionado con la propia religión. La fe y la pérdida o no de esta, se planteara como un elemento indispensable de la película. Sin embargo, este mismo debate ideológico puede, además de relacionarse con la típica imagen de la literatura rusa, con la propia Rusia contemporánea. Y es que la película, mediante su personaje principal, parece chillar de dolor, y ese mismo grito puede convertirse en un paralelo de la sociedad rusa actual. Desde luego el filme bordea en muchos momentos el esperpento, pero a la vez, no pierde nunca la fe en lo que está contando.

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Pero como decía, no se puede pretender elaborar una película como esta siguiendo el pensamiento del S.XXI. Y es que hay muchas cosas en el filme que suenan a anticuadas, como si el filme estuviera anclado a esa tradición y no supiera como renovarla. Para empezar los debates religiosos resultarán totalmente ajenos a los que no tengan ningún tipo de creencia. De hecho, el filme es muy hermético en este sentido, y difícil de entender para una mentalidad europea (Sí, podemos contar a Rusia como país europeo, pero sin duda este film toca unas teclas muy determinadas que a nosotros nos pueden sonar casi como a chino).  En consecuencia, los desmanes y angustias del personaje protagonista resultan excesivos en numerosos momentos, y la película parece quedarse en tierra de nadie. Eso sí, el visionado es siempre recomendable, porque desde luego el filme de Lungin es una de aquellas obras que nunca deja indiferente, y que además contiene múltiples lecturas.

 

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La verdad sobre el caso Savolta (1979)

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La Verdad sobre el caso Savolta (La Verdad sobre el caso Savolta, 1979) es una película española dirigida por Antonio Drove, que adapta una de las novelas más aclamadas de Eduardo Mendoza (la primera además), de título homónimo y premiada por la crítica en el año de su estreno, en el 1976. La película es una obra definitivamente política y debemos situarla en el contexto de transición democrática que estaba viviendo por aquel entonces España pasado el primer lustro de la década de los años setenta. De hecho, es en estos momentos cuando nos encontramos con una oleada de películas políticas. A la de Antonio Drove podemos añadir otras como 7 días de enero (7 días de enero, 1979) de Juan Antonio Bardem o El Diputado (El Diputado, 1979) de Eloy de la Iglesia, filmes que aprovecharon que la censura había desaparecido (o lo estaba haciendo).

La película se ambienta en el año 1916, con la primera guerra mundial ya empezada. En dicha guerra, como es bien sabido, España permaneció neutral y muchas de las industrias, entre ellas la armamentística, vieron que podían hacer negocio vendiendo de todo al resto de países. La película nos presenta una de estas industrias, que se encarga de vender armas al ejército francés. El filme se inicia con una secuencia que nos retrata el factor del pistolerismo, tan desgraciadamente candente en aquellos años, y es que entre los obreros y los mercenarios de los patronos hubo una auténtica guerra civil encubierta de la que poco se habla hoy en día. Pues bien, precisamente eso es lo que nos muestra esta primera secuencia del filme (y como veremos, el filme en general), que está lo suficientemente bien rodada como para poner al espectador en aviso de lo que se encontrará en el resto del metraje.

Esta primera muerte causará un impacto tremendo en la fábrica y sus trabajadores y alertará a José “Pajarito” interpretado por un magnífico José Luis López Vázquez, que empezará a escribir un dossier sobre los verdaderos tejemanejes que se esconden detrás de la fábrica. Omero Antonutti interpreta a Savolta, el propietario de la fábrica, que pone en manos del personaje que interpreta Charles Drenner la persecución al periodista clandestino para que cesen sus panfletos. Por su parte, Ovidi Montllor, interpreta a un joven que se convierte en el ayudante de Charles Drenner y quien empezará a empatizar con Pajarito. La película parece un tanto confusa a primera vista, pero en realidad no tiene demasiados resortes complejos, y se nota que se trata de una versión depurada de la obra literaria.

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La película toca además numerosos temas. El principal es el confrontación entre la gran burguesía y la clase obrera. Como decíamos, se nota que la película está rodada en la transición, y aprovecha la libertad del momento para realizar una visión marxista de aquellos años, que anteceden la gran huelga de la canadiense. Tenemos por una parte los grandes burgueses, con Savolta y el personaje de Drenner a la cabeza (y además se nos muestran sus enfrentamientos por el poder) y por otro lado los obreros, que se organizan como pueden para combatir las penalidades laborales que les esperan cada día. En este bando encontramos al personaje de Vázquez, que está bastante bien definido en cuanto representa a aquellos intelectuales de carácter mesiánico que dedicaron toda su vida a luchar contras las injusticias mediante la palabra (muy típico la prensa clandestina en la que se imprimen folletos). Es por ello que la secuencia en la que lo vemos afrontar su destino ante el personaje de Drenner resulta de lo más emotiva (sin duda, además de ser el clímax de la película, es también el momento en que se cumple con la historia real).

Desgraciadamente, la película es demasiado rutinaria y abusa en exceso de apegarse al  tono literario de la obra original.  No hay demasiadas sorpresas, y la película avanza sin incidencias. Se le nota demasiado las costuras originales, y el filme tiene poco tiempo a desarrollar sus ideas, porque está pendiente en todo momento de acabar de explicar lo que sucede en la trama de la novela. Vamos, que Drove parece más al corriente de entusiasmar a los lectores que no a los que quieren ver la película. Por otra parte, personalmente no acabo de cogerle el punto al discurso final que suelta el personaje que interpreta Charles Drenner, porque rompe un poco con el estilo general de la película. La advertencia a la guerra civil resulta difícil de creer en el contexto del 1917 y parece más un añadido más propio de los años setenta que no algo concordante con lo exhibido.

La ambientación histórica es bastante correcta y el filme aprovecha inteligentemente sus recursos para no mostrar sus carencias (muchas escenas abiertas pasan en la oscuridad, aunque también cumple en algunas a plena luz del día, como las secuencias en la cárcel).

 

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Cómicos (1954)

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Cómicos (Cómicos, 1954) se trata de una de las películas más infravaloradas del cine español. A pesar de que la película fue dirigida por uno de los directores más importantes de nuestra cinematografía, el filme se encuentra prácticamente en el olvido, cuando debería ser una de las películas más conocidas del cineasta. El filme fue escrito por el propio Bardem y recibió la nominación a la palma de oro en el festival de Cannes del mismo año, consiguiendo una buena crítica internacional. Se trató además del primer filme en solitario del cineasta, después de la película que rodó Bardem en colaboración con Luis Garcia Berlanga, Esa pareja feliz (Esa pareja feliz, 1953).

No es casual que el guión lo escribiera el propio Bardem, porque podemos entrever numerosos elementos de su vida reflejados en la propia película. Y es que alguien que no supiera de teatro no habría sido capaz de dirigir una película como Cómicos. Para ello, hay que haber mamado teatro desde jovencito, y eso es lo que le ocurrió a Bardem, cuyos padres, ambos, eran actores. Así, el ambiente teatral era una constante en la infancia del director. De hecho, el protagonista principal está basado en la propia prima del cineasta[1], Conchita Bardem. Aunque también hay que hacer notar la lectura del guión de All About Eve (Eva al desnudo, 1950), cuya influencia puede notarse con claridad en el filme.

Efectivamente, el filme gira en torno al teatro. Ana Ruiz, quien está maravillosamente interpretada por Elisa Galvé, es una actriz de teatro que empieza ya a pensar que su carrera profesional se ha quedado estancada. Todo el filme en realidad girará en torno al debate interno que tiene esta protagonista, porque duda entre seguir en el teatro o abandonarlo de una vez por todas. Al igual que Eva al Desnudo, el filme plantea el tema de triunfar a cualquier precio, aunque no es este el argumento principal de la película, puesto que sólo aparece en un momento muy concreto del filme. En realidad la película gira en torno al abandono. El abandono que continuamente rondará la cabeza de la actriz y que a medida que avanza la película nos mostrará todos los obstáculos que un actor puede encontrarse, dando especial relevancia al hecho de no poder avanzar profesionalmente al ser eclipsado por otros actores más veteranos. El personaje principal es realmente atractivo, y Bardem lo dota de una increíble vida interior. Básicamente el cineasta consigue que conectemos con este personaje, mostrándonos su sufrimiento (ayuda también la inteligente utilización de la voz en off, que aparece en los momentos precisos). Por ello, uno de los planos más realmente emocionantes lo encontramos en el final de la película, con la motivación de la actriz al haber triunfado, aunque fuera por sólo un día.

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El propio Bardem admitió que la película fue una especie de doctorado y lo cierto es que viéndola nos damos cuenta de que el formalismo resulta imperante. Por ello, se ha acostumbrado a criticar el filme, aseverando que la película abusa de trucos de cámara y de una puesta en escena que quiere sobresalir por encima del guión. Es cierto que el interés del cineasta por destacar se nota, pero también es innegable que la cinta tiene toques de modernidad que son comparables a otros lugares de Europa. Se pueden destacar numerosas secuencias que demuestran la espectacular puesta en escena. Ya para empezar, se nota que Bardem planeó una secuencia impactante como entrante y nos presenta una serie de primeros planos de los que serán los personajes protagonistas de la película, con una potente voz en off de la personaje principal, que va detallando lo que va viendo (los personajes) y configurando lo que será el tono general (de miseria, de hecho, el filme se une a muchos otros que han tratado el teatro en España, mostrándonos como prácticamente todos los personajes que trabajan en el teatro en realidad malviven con cuatro duros). También podemos destacar las secuencias en la que los dos actores pasean por la noche, pues denotan la sensibilidad de Bardem al construir las escenas.

Además la película sabe construir una galería de personajes secundarios que resultan ser un buen apoyo al discurso. Pongamos por ejemplo, el caso del personaje que interpreta Rosario García Ortega, que representa a la perfección el tipo de actriz veterana que no es capaz de asumir que su tiempo ha terminado y dejar pasar  a las nuevas generaciones. O el personaje de Fernando Rey, que no deja de ser una probable proyección de lo que sería la actriz personal si abandonara el teatro. Por otra parte, la película describe muy bien la vida de las compañías teatrales itinerantes, y en menores dosis la vida bohemia de las ciudades provinciales.

 

[1] CERÓN, Juan Francisco Gómez, El Cine de Juan Antonio Bardem, Ed. Universidad de Murcia, Murcia 1998, p. 101

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El Médico de Stalingrado (1958)

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Der Artz von Stalingrad (El Médico de Stalingrado, 1958) se trata de una curiosísima película dirigida en tiempos de la RFA, por el director de origen Húngaro, Géza von Radványi, que está ambientada en los tiempos inmediatamente posteriores de la segunda guerra mundial y que está basado en un hecho real. La película cuenta la sorprendente historia de los soldados alemanes de Stalingrado, que una vez finalizada la segunda guerra mundial, siguieron como prisionero de guerra hasta la reconstrucción de la ciudad. La Historia del filme tiene muchos puntos en común con la película española Embajadores en el infierno (Embajadores en el infierno, 1956), rodada sólo dos años antes (que estuvieron tan cerca una de otra se debe a que fue entonces cuando los presos de la guerra fueron liberados) y que también nos mostraba el cautiverio de los soldados en la Urss y su regreso a la península. Además, al igual que el filme español, la película de la RFA también tiene numerosas connotaciones políticas detrás.

La historia se centra en el personaje que interpreta O.E Hasse (uno de los actores alemanes más importantes, llegando a participar en una película de Hitchcock) un médico que después de la guerra es utilizado por los soviéticos para que examine a todos los que se encuentran en el campo de trabajo, tanto alemanes como soviéticos. No es demasiado difícil captar porque el guión de Werner P.Zibaso, basado en la novela de Heinz.G Konsalik, utiliza a un médico como personaje principal y no un soldado de a pie. Y es que para el objetivo crítico del filme, era mejor utilizar una persona aparentemente imparcial como un médico. Efectivamente, la película trata de dignificar la voluntad del país después de la segunda guerra mundial, elevando moralmente a los soldados reclusos y mostrándolos como héroes. Como sucedía con el filme español, los soviéticos son presentados como monstruos que pretenden esclavizar a los soldados de manera bestial, sin concesiones. Los crímenes de guerra aparecen siempre en un segundo término (aunque por lo menos aparecen, algo que no sucede en la película española). La carga política es pues más que evidente.

La trama de la película no es excesivamente complicada, sino que sigue un molde más o menos previsible.  Primero se nos presenta la vida comunitaria, que evidentemente es compleja y difícil para los alemanes, que sobreviven como pueden a pesar del trabajo esclavizante y de los pocos víveres que les proporcionan los soviéticos. Luego se nos presenta la posibilidad de redención, cuando nuestro protagonista tiene la posibilidad de operar al hijo de un importante cargo del campo, la relación amorosa de por medio, la traición hacia los tres cuartos del metraje y finalmente la liberación final. Un esquema que más o menos se repite en películas similares y que no tiene nada de especial. De hecho, los personajes que desfilan por el filme son bastante arquetípicos: El personaje protagonista, que es un humanista que no mira por sus intereses personales y que vive en el campo con resignación siempre tranquilizando al resto de caracteres, el personaje tontorrón que intenta aportar la vis cómica  a la película (aunque fallidamente), el alemán más pasional que se acaba enamorando a pesar de las condiciones en la que se encuentra, la chica aparentemente insensible que acaba cayendo en el amor a pesar de la deshonra de hacerlo con el enemigo y el carcelero cruel y sin sentimientos.

Por otra parte, la relación entre la capitana rusa y el prisionero alemán se antoja además a todas luces artificiales. La sensación es la de que el filme necesitaba una cuota de amor y la introduce sin ningún motivo argumental. Además los dos personajes están exagerados al máximo, mostrando numerosos aspavientos, de tal manera que la relación entre ambas evoca a la peor tradición teatral.

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En los aspectos técnicos el filme cumple. La recreación del campo resulta creíble, de lo más destacables del filme, así como con el vestuario de los dos bandos.

Hay que apuntar que ver la película doblada al castellano es un auténtico suicidio. Para empezar, que tantos los alemanes como los rusos se comuniquen en castellano ya resulta chocante, pero lo que es totalmente desolador es comprobar cómo en numerosos momentos los personajes rusos dicen algunas frases en su idioma pero con un acento castellano que tira para atrás.  Por si fuera poco, el doblaje es realmente lamentable, y no ayuda para nada.

En conclusión, El Médico de Stalingrado es una película que a pesar de su etiqueta histórica, en realidad revela el año en que se realizó, el tiempo intrínseco más que una recreación. La RFA necesitaba por aquel entonces un lavado de cara para poder afrontar su futuro, y en cierta manera el filme resultaba una vía de escape, además de posicionarse ideológicamente, puesto que la guerra fría estaba en su pleno apogeo.

 

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El Maestro de Esgrima (1992)

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El Maestro de Esgrima (El Maestro de Esgrima, 1992) se trata de una de las numerosas adaptaciones cinematográficas de la obra de Arturo Pérez-Reverte, llevada a cabo durante la década de los años noventa (y en comparación con las demás adaptaciones, esta se trata de una de las más aseadas), que recibió numerosas nominaciones en los premios Goya (y consiguió 3 premios, al mejor guión adaptado a la banda sonora y al vestuario). Al filme sin embargo, le sucede lo mismo que a otra adaptación de Reverte, Alatriste (Alatriste, 2006), que cumple en el factor de crear una ambientación histórica correcta, pero que es incapaz de desarrollar una trama de interés. El filme lo dirige el maestro Pedro Olea, director singular donde los haya, quien por cierto ya había dirigido alguna que otra película histórica, como Akelarre (Akelarre, 1984) o la más redonda El Bosque del Lobo (El Bosque del Lobo, 1970), un bagaje que seguramente fue un condicionante para ser el cineasta finalmente escogido.

Omero Antonutti, lo que viene siendo un señor actor de los pies a la cabeza, interpreta a un ya mayor maestro de esgrima. La secuencia inicial es de una belleza inclasificable, con un plano que se abre lentamente de adentro hacia afuera y que nos muestra una lucha de esgrima entre dos discípulos del personaje principal. Lástima que secuencias majestuosamente preparadas así irán viniendo de manera intermitente a la película, que poco a poco (muy poco a poco) irá desvelando la trama, que es la siguiente: El personaje de Antonutti recibirá como alumna (a pesar de que al principio tendrá alguna reticencia en aceptarla) a una mujer de mediana edad interpretada por Assumpta Serna, de la que rápidamente quedará prendado. Sin embargo, una serie de tejemanejes de esta mujer empezarán a poner a nuestro protagonista en la pista de una conspiración política…

Por una parte, la inspiración histórica está conseguida. A pesar de que en algunos momentos el filme abusa de sus  escasos recursos (como las cargas y manifestaciones, que se suceden casi de una manera vertiginosa) en líneas generales el ambiente del sexenio democrático (1868-1874) aparece bien representado. Lo más disfrutable sin duda en este aspecto son los diálogos entre los personajes, con el nombre del todopoderoso Prim (hasta su triste fallecimiento) en la boca de todos,  y también podríamos citar las tertulias en los cafés, tan típicas por otra parte, de este momento. En los aspectos técnicos la película cumple y los premios que recibió el filme son merecidos, sólo tenemos que ver a la guardia montada cargando contra el pueblo, con imágenes que parecen sacadas del célebre cuadro de Ramón Casas, pintado en el 1899. También hay que destacar la banda sonora que compone José Nieto, que consigue componer una interesante atmósfera sin encallarse demasiado en el género histórico.

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Los gritos de ¡Mueran los borbones! Resultan dignos de elogiar por su atrevimiento, así como algún que otro discurso (evidentemente, me refiero al de la guillotina, que espeta el personaje excelentemente interpretado por Miguel Rellán, quien por otra parte interpreta uno de los personajes más interesantes del filme) que no hace falta ser un lince para comprobar que están relacionadas no sólo con el tiempo que exhibe el filme (con la expulsión de la monarquía borbónica) sino con la propia década de los años noventa ,del Siglo XX, en la que se inscribe el filme. A Arturo Pérez Reverte lo conocemos todos, y a pesar de que en algunos momentos pueda hacerse demasiado plúmbeo, lo cierto es que la película condensa bastante bien la mala leche que imprime el autor en sus obras. Sin embargo, esto es de lo poco realmente destacable de todo el filme y desde luego, no es suficiente para respaldar el filme por entero.

Como decíamos de Alatriste, la película no acaba de desarrollar intensamente el argumento.  El inicio es alentador y pone al espectador en una buena dinámica, pero esta se acaba diluyendo cuando el argumento del filme no tiene demasiado claro por dónde avanzar. La conspiración no acaba siendo demasiado enigmática y las motivaciones de los personajes acaban resultando demasiado simplonas. Pongamos por ejemplo el personaje que interpreta Assumpta Serna, nunca sabemos porque realmente pega esos giros tan bruscos, más allá de exigencias del guión, con lo que su revelación final nos deja totalmente congelados.

En Conclusión, a pesar de algunos detalles realmente asombrosos, El Maestro de Esgrima no es la película histórica que la cinematografía española sigue mereciendo. A pesar de eso, por detalles como tener una de las más bellas peleas de esgrima que se hayan rodado aquí (y perfectamente superior a cualquier otra batalla que podamos ver en las numerosas adaptaciones de Los Tres Mosqueteros de Dumas, por poner el ejemplo más típico) hacen que merezca la pena darle un vistazo al filme.

 

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Tiempo de Valientes (2005)

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Tiempo de Valientes (Tiempo de Valientes, 2005) se trata de una curiosa película argentina, que se empapa del cine norteamericano de acción, en especial el de los años ochenta y noventa, con la eclosión de las buddy movies, para mezclar este tipo de cine con el propiamente argentino. Dirigida por el popular cineasta Damián Szifrón, la película consiguió el difícil hecho de aunar el éxito de público y crítica.

Efectivamente, el filme homenajea o sigue el molde de las películas policiales donde hay como protagonistas principales una pareja de policías. Ejemplos hay a montones, pero por citar los más célebres podríamos recordar Lethal Weapon (Arma letal, 1987) o Die Hard with a vengeance (Jungla de Cristal III: La Venganza, 1995). Con la peculiaridad de que en el filme de Szifrón no nos encontramos con dos policías, sino con un policía y un psico analista (no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el país de origen; de tal manera que aquí se versiona sui generis pues no tenemos un poli blanco y uno negro, ni siquiera podemos decir que uno bueno y uno malo). El humor, que siempre está muy presente este subgénero, es aún más acuciante en este filme. Las soluciones que emplea Tiempo de Valientes resultan muy similares a las que nos encontramos en las películas de Hollywood (que ya de por si tienen bastante dosis cómica, pero que en esta película se aposta más por esto que no por la acción, que es más bien escasa y sólo la podemos encontrar en su última parte del metraje). El guión que firma el propio Damián Szifrón se basa en el principio de crear dos personajes totalmente diferentes, una especia de gordo y el flaco más actual, que juntos se complementan.

Diego Peretti interpreta al Psico analista, que es asignado para trabajar mano a mano con el personaje que interpreta Luis Luque, un policía que actualmente se encuentra fuera de servicio por depresión, al enterarse de que su mujer le ha engañado. El personaje de Luque representa el arquetipo de policía que ya se la sabe todas, y que incluso coquetea con la alegalidad en varias ocasiones. El personaje de Peretti representa al compañero más novato en la vida dura, podemos decir que a su manera es un teórico, mientras que el personaje de Luis Luque, como decía, se trata de un personaje más experimentado. Ya tenemos pues, la pareja, sobre la que se cimenta todo el filme.

El punto más positivo de la obra es su sentido del humor. Sin duda la dupla de personajes tiene una buena química y la película sabe explotar sus puntos cómicos, así como combinar los caracteres tan diferentes de los dos personajes. La película utiliza especialmente los diálogos, que son ágiles y podríamos decir que serían una especie de Slapstick en verso, yendo rápidamente de un tema a otro, como si se tratara de un partido de tenis.

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Sin embargo, de la mitad hacia arriba, el filme se desinfla de mala manera, cayendo por los caminos tópicos del género. A pesar de que el filme consigue construir una pareja cómica efectiva, cuando se trata de la construcción de lo relacionado con la trama y el eje del final, la película fracasa considerablemente. Cierto es que el “Malo” está correctamente construido, y el actor que lo interpreta,  Oscar Ferreiro, borda una actuación magistral (al nivel de los dos actores principales e incluso por encima en algunas escenas) pero la trama se resuelve de una manera ciertamente estúpida (el anticlímax del camión no tiene demasiado sentido) y la crítica que realiza la película a la corrupción del sistema policial queda en agua de borrajas.

Porque es cierto que la película apunta diversos temas, pero en ninguno lo hace de una manera demasiado compleja  o poliédrica. La película debe aceptarse como lo que es, una cinta llena de toques cómicos, pero que no reviste una crítica en profundidad. Por ejemplo, uno de los temas que toca el filme es el de la infidelidad, que aparece por doble partida en los dos personajes principales. Sin embargo, más que desarrollar el tema, simplemente nos encontramos con una oportunidad con la que el guión trata de aprovechar la vena cómica. O el ya citado tema policial, que apenas tiene complejidad.  Sin embargo, todos estos resortes sirven para aumentar el número de gags y chistes con los que cuenta el guión.

En los aspectos técnicos la película es también comedida, y desde luego no puede competir con películas de Hollywood. La puesta en escena cumple pero sin demasiados artificios, y hacia el final del filme las escenas de acción resultan incomparables con otras películas más célebres del género. La película confía todo su arsenal a la pareja interpretativa, pero es insuficiente para aguantar todo el metraje, más cuando uno de los dos personajes acaba perdiendo protagonismo en cierto momento del filme y la pareja se queda coja en algunos momentos.

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Los descendientes (2011)

 

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No es muy difícil adivinar porque flojeó Alexander Payne con The Descendants (Los descendientes, 2011), una película que a pesar de recibir numerosos premios y galardones, entre los que podemos destacar por ejemplo 5 nominaciones a los Oscars (de las cuales consiguió el premio al mejor guión adaptado) parece estar resuelta con el piloto convencional.

Y es que el mayor defecto de la película es su guión, escrito entre varios autores (entre ellos el propio Payne) basándose en la novela de Kaui Hart Hemmings (escritora de origen Hawaiano). No hay mucha diferencia entre la historia que nos encontramos en Los Descendientes y la que podemos ver en cualquier domingo de tarde, después de la sobre mesa. El filme sólo se distingue por su envoltorio, que eso sí, es lo suficientemente goloso como para llamar la atención, pero en el fondo el filme parece además la antítesis del cine del propio Payne, que precisamente se revela en la mayoría de sus películas por ser real y no tratar de manera fría los sentimientos de sus personajes a diferencia de un producto artificial como es el caso. Las relaciones interpersonales, que son siempre el fuerte del cineasta, aparecen aquí totalmente desdibujadas y sin chispa alguna.

La película nos presenta a George Clooney como personaje protagonista, un hombre de mediana edad y padre de dos hijas que trabaja como abogado en una de las islas de Hawaii. Nada más empezar la película la voz en off del personaje de Clooney nos cuenta que los tópicos que tiene la gente sobre Hawaii no son en su mayoría reales, porque en Hawaii, la gente tiene también, literalmente “Vidas de mierda”. Sin embargo, más que separarse de estos tópicos la película los cimentará, como veremos más adelante, con imágenes postaleras de las islas. Su personaje trabaja como abogado y además es heredero junto a otros primos suyos de una importante parte de tierra de la que se debate si venderse o no. Sin embargo, su mujer se encuentra en coma debido a un accidente, así que el personaje decidirá encontrarse con su hija adolescente, que vive alejada en otra isla, pero ella le dará una noticia sorprendente..

La película es un ajetreo continuo de aquí para allá, en una estructura de viaje parecida a la que después veríamos mucho mejor resuelta en el filme Nebraska (Nebraska, 2013) donde también aparecía el tema de la familia entrometida en los negocios, además de manera casi calcada (por lo menos en su aspecto superficial). Aún así la historia que se nos presenta no acaba de rematar en nuestros corazones. Es cierto que hay secuencias emotivas, pero estas se deben más al buen hacer de los actores (ojo, porque Clooney, a pesar de que está bien, en ocasiones palidece con el resto del reparto más joven, en especial con las dos actrices que representan sus hijas, Shailene Woodley y Amara Miller) cuando tienen que afrontar situaciones duras (por ejemplo, cuando la niña pequeña entiende que su hija no sobrevivirá) que no al guión en sí. La historia se huele desde lejos. Hay elementos que chirrían aunque en honor del filme no hay nada exagerado o demasiado Hollywoodiense (como algún despertar del coma que afortunadamente no sucede, o sensiblerías que nunca bordean el límite de lo increíble) y quizá seguramente por eso recibió tantos elogios. Pongamos por caso la relación entre el personaje de Clooney y sus pensamientos respecto a la solución del problema de los terrenos familiares: La solución que propone el guión no tiene ningún sentido, y la conversión del personaje se ve totalmente forzada, pasando de un extremo ideológico al otro sin que el espectador haya comprendido muy bien porque.

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Hay algunas cosas que parecen más impostadas que auténticamente posibles. Es el caso del personaje adolescente, que no sabemos cómo demonios aparece en la película, y lo peor, como puede quedarse durante todo el metraje. Por si fuera poco, no sólo es que aporte entre cero y nada sino que además el guión lo incluye en alguna secuencia que no tiene ningún tipo de sentido, caso del momento en que Clooney se levanta y se dedica a charlar con él como si un adolescente al que acabara de conocer le pudiera decir alguna cosa realmente relevante.

Por otra parte, como apuntábamos anteriormente, la película se aprovecha de Hawaii para continuamente bombardear al espectador con imágenes que parecen sacadas de una agencia de viajes. Y no son cortas, varias nos presentan a nuestros personajes moverse y viajar con secuencias musicales plumíferas como acompañamiento de más de varios minutos y que no aportan absolutamente nada a la resolución de la trama. Estas imágenes resultan vacías a más no poder y entorpecen además lo que cuenta la película.

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