La Décima Víctima (1965)

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La Decima Vittima (La Décima Víctima, 1965) se une a la corriente de filmes realizados por cineastas con visión de autor, que en la década de los años sesenta decidieron transformar la ciencia ficción. Recurrir a este género para en muchas ocasiones realizar una crítica a la sociedad contemporánea. La Décima Víctima puede pues, compararse perfectamente con Alphaville (Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, 1965) realizada en el mismo año por el cineasta francés de la Nouvelle Vague, Jean Luc Godard o Farenheit 451 (Farenheit 451, 1966) del también francés François Truffaut. La Décima Víctima está basada en una obra de Robert Sheckley, autor especializado en la ciencia ficción.

La Décima víctima emplea un argumento similar al del díptico que ha sido recientemente estrenado y que ha dirigido James deMonaco, con The Purge (The Purge: La Noche de las bestias 2013)  y The Purge: Anarchy (Anarchy: La Noche de las Bestias, 2014)En un futuro no demasiado especificado, el asesinato está legalizado en todo el mundo. Existe una especie de deporte llamado la gran caza en la que uno se apunta libremente. Sí uno lo hace, se convierte aleatoriamente en cazador o víctima y debe asesinar o sobrevivir al asesino con el que ha sido emparentado. La película nos presenta a nuestros dos protagonistas, interpretados por Ursula Andress y Marcello Mastroianni, que precisamente son escogidos para que se liquiden entre ellos.

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Elio Petri no parece a priori un director especialmente lucido para realizar un tipo de filme así. Lo cierto es que al cineasta italiano se le conoce sobre todo por sus películas de tono social y crítico, como La classe operaia va in paradiso (La Clase obrera va al Paraíso, 1971) o Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (Investigación sobre un ciudadano libre de Sospecha, 1970). No es casualidad que las mejores partes del filme son indiscutiblemente las que se relacionan con este tipo de cine y no cuando Petri se centra en la pura ciencia ficción.

Y es que a más de un espectador le puede sorprender la ambientación tan chocante que realiza el cineasta italiano para describir el futuro. Petri nos presenta un mundo delirante, que en ocasiones se descubre más como una alucinación psicotrópica provocada por drogas de los años sesenta que no por un futuro bien concebido en el guión. La Décima Víctima muestra un apego desmesurado por el blanco, que se transluce tanto en los vestuarios de los personajes (faldas y vestidos demenciales, todos de un pulcro color blanco) como en la arquitectura de la película, que trata de asemejarse a un Estilo Internacional llevado al extremo y unido de la mano con el Minimalismo. Incluso la música de la película resulta demasiado excéntrica, rozando en ocasiones el ridículo.

La película realiza una interesante crítica hacía una sociedad que está totalmente deshumanizada y que ve completamente normal los asesinatos a plena luz del día. De hecho a lo largo de la Película Petri coloca escenas de acción en la que vemos personajes desconocidos pelear y participar en esta cacería humana. Petri describe un mundo que ha perdido cualquier tipo de fe y que simplemente se dedica a seguir sus instintos, algo que lleva a los seres humanos a cometer barbaries extremas. No es casual que nuestro personaje principal, interpretado Marcello Mastroianni, sea un personaje antihéroe total, y que  Petri lo defina como prácticamente un mercenario despegado de cualquier afecto.

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Igualmente importante es la visión de Petri sobre la publicidad y los medios de comunicación. Temáticamente esto se nos muestra con la propia publicidad que acompaña a los participantes más exitosos de la cacería y que son llamados por empresas publicitarias para que anuncien sus productos mientras asesinan a sangre fría. De hecho la película elaborara con este argumento una secuencia totalmente delirante, digna de un retazo surrealista y que tiene lugar hacía el final de la película.

Un apunte interesante del filme guarda relación con el Mundo del cómic. Y es que nuestros protagonistas no leen libros, sólo Cómics (que aparecen reiteradamente a lo largo del metraje) . No sólo es una conexión que se establece por las semejanzas entre el Mundo del cómic y el filme (incluso estéticamente podemos ver relaciones, pues la Décima Víctima parece un cómic llevado a la gran Pantalla) sino por la propia inmadurez que comparten los personajes del filme, que parecen no haber dejado la adolescencia atrás.

No sólo el Cómic. La película recurre también a otros guiños populares como el mundo del cine. El caso más flagrante es el que encontramos a la franquicia de James Bond, que por aquel entonces era un gran Boom comercial. Ursula Andress fue precisamente la primera (y seguramente la más bella) chica Bond, al aparecer en Dr.No (James Bond contra el Dr.No, 1962) y la película se aprovecha de esta circunstancia. Además, existe una secuencia en la que encontramos una descharrante parodia sobre el personaje típico de las películas de Bond que se encarga de suministrar al personaje principal todo tipo de aparatos tecnológicos.

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