Oficiales (1971)

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Офицеры (Oficiales, 1971) se trata de una interesante a la par que desconocida (en tierras españolas) producción soviética de inicios de los años setenta, que nos cuenta la historia de tres personajes y como evolucionan al mismo tiempo que lo hacen los conflictos en su país (desde la Guerra civil hasta la Segunda Guerra Mundial). A pesar de que en el resto de Europa la influencia del filme es poco palpable, en la Unión Soviética se convirtió en una película de culto y de referencia para el género bélico. Hoy en día es una película de renombre, y en popularidad supera a otros nombres y obras de directores más conocidos en occidente como Eisenstein o Pudovkin.

La película tiene partes bastante diferenciadas entre sí, como es natural teniendo en cuenta el espacio temporal que abarca el filme (incluso se toca por encima la Guerra Civil Española). El argumento nos presenta a un joven soldado del ejército rojo, Aleksei, interpretado por Georgi Yumatov, quien es mandado al frente de la estepa, para lidiar con unos rebeldes nómadas. No irá sólo, sino que le acompañará su futura mujer, llamada Lyubov (amor en ruso, suponemos que no por casualidad recibe este nombre) interpretada por Alina Pokovskraia. Esta parte del filme puede recordarnos al propio género Western, pues hay varias similitudes. Los nómadas no dejan de ser indios camuflados y en alguna persecución (perfectamente rodadas) llegamos a recordar aquellas idas y venidas de los indios persiguiendo a los vaqueros. En la estepa, nuestros dos protagonistas encontrarán al tercer personaje en discordia, Ivan, interpretado por Vasili Lanovoy, otro oficial del ejército rojo.

Este, quedará rápidamente prendado de la mujer que interpreta Pkovskraia. Sin embargo, a pesar de lo que podamos pensar en un primer momento, lo cierto es que el triángulo amoroso (si se le puede llegar a decir así, porque realmente nunca transcurre nada entre Ivan y Lyubov) está rodado a las mil maravillas, precisamente por el tacto y el mimo con el que el filme nos muestra la relación, y que también nos permite entender perfectamente la moral soviética de aquellos años. No hay ningún gesto obsceno por parte de Ivan, ningún intento por arrebatar la esposa a su mejor amigo (como él mismo dice, sólo tiene en su vida a dos personas). La ternura que desprenden estos tres amigos queda enmarcada por una dura vida, llena de horror y sufrimiento, y también alguna que otra alegría. Los diálogos, que entre los tres no son numerosos pero si bien escogidos y forman el eje sobre el que gira el filme, definen muy bien la interesante relación que se entrelaza entre los tres protagonistas y su vida. Por supuesto, después de la Guerra Civil Rusa vendrás otros conflictos, como la Guerra de Kalinin Gol o la propia Segunda Guerra Mundial. Y no podemos dejar de citar un epílogo conmovedor.

La puesta en escena tiene bastantes elementos de interés, desde varios planos rodados con el método grúa, mostrándonos la propia visión del tren a lo steadycam a alguna secuencia bélica muy bien planteada (como la acometida de los tanques nazis mientras los soldados soviéticos los aguardan cantando). En definitiva, la película tiene la solidez de la escuela académica soviética detrás. Por cierto, la música juega también un papel fundamental, presentándonos varias canciones tradicionales, que son cantadas por los soldados y que forman un hilo que la película subraya como síntoma de camaradería.

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La creación del filme estuvo promocionada ni más ni menos que por el propio ministerio de defensa de la URSS, el ministro Grechka, quien dijo que la profesión de soldado consistía en defender la patria (líneas de guion que se repetirán literalmente en la película). Ese es evidentemente el mayor problema del filme, que no deja de ser una obra de propaganda. También en cierta manera lo eran los filmes de Eisenstein, pero aquellos gozaban de una frescura (cimentada en gran medida por la técnica) de la que no dispone Oficiales (aunque sea está última mucho más reconocida. De tal manera, que Oficiales es la otra cara de la moneda de las películas norteamericanas que tanto estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, Oficiales también es una buena muestra del savoir faire de la escuela soviética clásica, ninguneada por evidentes temas políticas en el resto del mundo occidental. Si algo se nota en el filme es la calidez con la que se ha tratado a la obra. El amor por los personajes está presente desde el primer momento, y lo identificamos.

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