Ciclo Jean Renoir: Boudu, salvado de las aguas

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Boudu, Salvado de las aguas es una película bastante peculiar, pero no podía ser de otra manera sabiendo quien es el director que está detrás de la realización, Jean Renoir.

De hecho la película está trata de manera muy singular y seguramente otro director con el mismo argumento habría realizado una película que tirará por otros caminos mucho más masticados ideológicamente hablando. Recordemos la premisa, un burgués decide rescatar a un pobre de las aguas, cuando este se lanza al río para intentar suicidarse (Ojo porque esta es otra, la película pese al tono sarcástico que tiene nos muestra escenas bastante fuertes, como un intento de suicidio y un lío de faldas entre diversos personajes).

Cualquier otro director habría tirado por debates ideológicos o nos habría mostrado la conflictividad entre los estamentos sociales de manera mucho más agresiva. Renoir lo hace, pero lo camufla todo con una apariencia de comedia pícara que hace que la película sea mucho más tierna (y atrevida) de lo que parece en una primera vista.

Boudu, el personaje principal, es decir, el pobre que es rescatado, no es un personaje cualquiera. El director no trata de exculparlo o de redimirle de sus culpas, sino que simplemente lo retrata tal y como es. Y es que Boudu es un personaje que ha nacido para ser como es y no como los demás quieren que sea. No está hecho para someterse a nadie, porque es un espíritu libre pues prefiere la hierba del campo a la cama para dormir, así como el agua antes que el refinado vino. Así de esta manera, se contrapone la libertad del pobre Boudu con las ataduras de la casa burguesa en la que convivirá una temporada. Pero Renoir no elabora este discurso con debates estériles a viva voz o conflictos violentos. No, esa no es la manera de trabajar de Renoir.

El director se sirve de la sutileza y sobre todo de la comedia para dejar al descubierto todas las manías y caprichos de una clase que trata de dominar todo lo que está a su alrededor, intentando domesticar incluso a seres humanos.

Y es que Boudu se comporta como un auténtico niño pequeño. Tira las copas, echa el vino por el suelo, y hasta escupe en la fisiología del matrimonio de Balzac (hecho que molesta más al librero que Boudu tenga un lío de faldas con su propia esposa). Así, mediante el niño que lo estropea todo y la ironía que es capaz de mostrar un hombre iletrado es como elabora la película Renoir.

Y eso que tampoco Renoir hace mala saña con los personajes que habitan en la casa, simplemente desdeña más los vicios de este que a sus personajes.

Boudu-salvado-de-las-aguas El personaje de Boudu tiene también bastante de Don Juan.

También es importante contextualizar la película, en el año 1932 el cine sonoro había empezado recientemente su andadura y aún la tecnología no estaba a la altura de las ideas. Por este motivo era muy complicado la utilización de la música, porque los equipos no permitían una postproducción sonora. De hecho, casi toda la película recurre a una música diegética, es decir, proveniente de elementos que se ven en la propia película, como las notas del piano o la orquesta que casi al final de la película interpreta el vals del Danubio Azul de Strauss (y Renoir justamente se sirve de esta música para reírse de la ceremonia tan rancia como resulta aquella boda burguesa).  Por eso hay algunas escenas que denotan una gran ausencia de sonido, y esto puede provocar sorpresa en el espectador acostumbrado a que la música sea un elemento más en el esquema narrativo. Me refiero especialmente a la escena en la que Boudu es rescatado en las aguas, en la que Renoir compone un pintoresco paisaje en la que multitud de gente se reúne para observar el espectáculo, y sin apenas utilizar ni una nota de música.

Y también las incapacidades tecnológicas del momento condicionan en gran parte la puesta en escena. La cámara era un armatoste pesado que no permitía tanto movimiento como en el cine mudo (porque se mantenía en cámaras insonorizadas con tal de que el sonido de la propia cámara no fuera registrado por ella). Así básicamente la película se compone de planos fijos que encuadran a los personajes principales, pero el director es capaz de sacar el máximo jugo de estas dificultades. Por ejemplo tenemos uno de los mejores planos fijos que servidor recuerde, como aquel en que nuestro personaje, Boudu, se acerca un policía para que este le ayude a encontrar su perro que ha perdido, pero el policía no le hace ni caso al observar que se trata de un mendigo. Nuestro personaje se aleja mientras que el plano sigue mostrando el estatismo del policía, mientras se acerca una mujer de una clase social elevada, que precisamente también ha perdido su perro. La reacción del policía es obviamente diferente y esta veza se presta audazmente a tratar ayudar a la mujer. Esta secuencia es bastante definitoria del tono de la película, Renoir prefiere servirse de la burla como escarnio antes que optar por otras posiciones más conflictivas, y aún así, el ataque sigue siendo igual de efectivo.

images (8) Renoir ofrece un plano subjetivo en el que vemos lo mismo que ve el personaje principal con su telescopio.

7/10

Kyrios

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