Orden: Caza sin cuartel /He Walked by night (1948)

He walked by night (Orden: Caza sin cuartel, 1948) se trata de una película de cine negro de cuya autoría se discute aún hoy actualmente. Al parecer, la película fue dirigida oficialmente por Alfred L.Werker, pero se sabe y es reconocido que Anthony Mann rodó numeroso metraje para la película1. Un crítico clásico atribuiría las mejores partes a Mann y dejaría lo peor para Werker, teniendo en cuenta que uno es uno de los grandes directores de la historia del cine y del otro poco se estima hoy en día. Lo cierto es que Orden: Caza sin cuartel tiene cosas muy positivas, pero también otras tremendamente lastrantes. Sin duda, lo mejor es quedarse con algunas partes de su estética, que se pueden incluir perfectamente dentro de lo mejor del género, y obviar lo rutinario y propagandístico que presenta.

El guión nos presenta una persecución policial, que llevan los agentes de policía de los Ángeles contra un huidizo criminal que además de traficar con material robado es un asesino. La película se detendrá especialmente en las diferentes fases de investigación que realizarán los agentes. En realidad el guión no sorprende por su originalidad. Si algo resulta poco usual en la película es la manera en como se cuenta, utilizando una voz en off que copa gran protagonismo así como

El problema principal es que la película no emociona en casi ningún momento. El tono semidocumental que tiene la película se convierte en una losa fría que no consigue involucrar emocionalmente al espectador. Por una parte es un recurso que no tiene ningún efecto positivo en la narración, sólo consigue convertirse en un tedio que además parece ya pasado de moda en el momento de realizarse, con esa voz en Off que se abre desde el principio. Pero más allá de estética, este tono documental tiene un serio problema de fondo, y es que parece que la película trata de vendernos de manera descaradamente la policía de los Ángeles. Como si la película fuera una de aquellas obras cortas realizadas para la propaganda de los cuerpos de seguridad, pero en esta ocasión con recursos económicos de más calibre. La película pasa por todos los procesos de glorificación del cuerpo de policías que estamos acostumbrados a ver por pura influencia de la cultura norteamericana: La valentía de los agentes, que dan su vida por la sociedad, la eficiencia de los métodos que tiene la policía para conseguir sus objetivos (el resumen podría ser perfectamente: por muy listo que sea nuestro enemigo, nosotros lo somos más y tenemos mejores recursos) , en definitiva, una película demasiado blanda en este sentido, que incluso visto hoy en día puede incluso provocar sensaciones contrarias.

Además esta glorificación choca porque precisamente lo que resulta más positivo de la película es precisamente su villano principal (que además podríamos decir que debido a la ausencia de policías con carisma en el reparto, es básicamente el personaje principal) que tiene un gran gancho. Sin duda, la expectación de la película gira en torno a sus peripecias, y sino fuera por la crueldad desmedida de sus acciones, incluso podría empatizarse fácilmente con este personaje. Ayuda, la gran interpretación que realiza Richard Baseheart del papel.

Quedan del filme varias secuencias para el recuerdo, que sobresalen con mucha fuerza entre la mediocridad. Podemos destacar la llegada del criminal a las oficinas donde la policía planea plantarle una trampa: La secuencia está dirigida con un notable pulso, que mantiene la tensión, quizá utilizando una virtud que hoy en día está cuestionada, como es el uso de la lentitud. Por supuesto, la escena que siempre a colación cuando se habla de este filme en la que el criminal realiza una autooperación quirúrgica para extraerse una bala, secuencia que sería fusilada en numerosas películas del género posteriores. Y finalmente, tenemos la persecución final, que transcurre en unas alcantarillas y que sirve de escaparate plástico en el que el cineasta (quien quiera que fuera de los dos) se explaya con majestuosidad.

1BASINGER, Jeanine, Anthony Mann,Ed. Wesleyan University Press, Connecticut 2007, p.48

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