Masacre en Texas 2 (1986)

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The Texas Chainsaw Massacre Part 2 (Masacre en Texas 2, 1986) es una película que dirige el propio Tobe Hooper. El director continuó pues las andanzas de la familia de Leatherface, que tanto éxito habían cosechado en el momento de su estreno (12 años atrás). Sin embargo, la segunda parte ha sido una fuente continua de disputas entre los numerosos detractores y los pocos defensores. Lo cierto, es que la esencia de la segunda parte es totalmente diferente, lo que puede haber dejado descolocado a más de uno, que esperaba una nueva versión de lo mismo.

En efecto, Tobe Hooper cambia por completo los planteamientos de la primera película. ¿Cómo es posible superar en angustia la primera entrega? Resulta prácticamente irrealizable. Así que el cineasta optó por una estrategia diferente, como es la del humor. Y a la vez que introducía unas dosis de humor negrísimo (no ya simplemente negro, sino humor directamente enfermizo) elevaba las dosis de gore. Sí, aunque pueda parecer imposible, Masacre en Texas 2 es una película aún más gore,  con dosis de violencia y truculencia que la primera entrega. A quien no le entren náuseas viendo la película es que directamente no tiene ningún tipo de sensibilidad. Lo que resulta realmente extraño es que fueran muy pocos los espectadores que se dieron cuenta de que todo en la película no dejaba de ser una gran broma.

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Las muestras de que nos encontramos ante una parodia son más que evidentes, pero hay que recalcar algunas secuencias para comprobar el tipo de humor degenerado que emplea Hooper en el filme. Por ejemplo, aún cuando no sabemos quiénes son los componentes de la familia Leatherface, algo extraño aparece en el concurso de Chili de Texas, cuando un trozo de hueso (evidentemente humano) aparece en medio del plato. Da igual porque la gente sigue aplaudiendo al ganador, un enigmático ancianito. Posteriormente nuestras sospechas se hacen realidad. Sí, el chili provenía de carne humana. En realidad, la familia Leatherface se ha pasado al comercio de carne humana (aunque sin que los controles de sanidad lleguen a enterarse) y tienen un matadero en Texas. O la secuencia patética en la que Leatherface realiza una escena de sexo con la atractivísima intérprete Caroline Williams, mediante su motosierra. Hooper no tiene ningún tipo de problema en ridiculizar unos personajes que en la primera entrega provocaban miedo, para convertirlos en esta ocasión en auténticos payasos ambulantes. Pero lo cierto es que lo consigue, y dicha secuencia (por citar la más recordada) provoca una gran cantidad de emociones encontradas, entre las de asco y provocación, pero también de humor ante semejante esperpento.

En realidad, lo peor de la película lo encontramos en la débil trama, que no es más que un pobre guión realizado para mostrarnos los diferentes escenarios donde transcurre la acción. Todo es una mera excusa para que Hooper pueda mostrar sus puntos fuertes, que son el humor y la delirante y vomitiva ambientación. ¿Por qué el personaje de Denis Hooper no compra armas de fuego para hacer frente a la familia Leatherface, en vez de motosierras? Porqué si hubiera comprado armas de fuego, nos habríamos perdido el espectacular duelo a moto sierra (como caballeros Jedis con sus sables láseres) entre él y Leatherface. Sí se entiende esta anécdota, se entiende el filme.

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Por supuesto, un punto indiscutible es la ya citada ambientación. Al igual que en otra película anterior del director, Fun House (La Casa de los Horrores, 1981) el lugar donde transcurre la segunda parte del metraje tiene un gran componente de feria circense. No hay demasiadas diferencias entre el matadero de humanos donde conviven los miembros de la absurda familia y los aspectos de un tren de la bruja. De hecho, en diversos momentos del filme, el propio Hooper rueda la película como si fuera una atracción de feria, moviendo la cámara de igual manera que lo haría un tren, siguiendo a nuestra protagonista, y enseñándonos los detalles macabros que ambientan toda la mansión (tal y como funcionan este tipo de atracciones, que se paran para que el espectador pueda contemplar los detalles más escabrosos). A esto hay que añadirle el gusto enfermo que muestra el director en el filme, que va muchos pasos más allá que en el de la primera entrega.

En Conclusión.¿ Es una película vomitiva? En efecto, porque así lo pretende Hooper con su asquerosa ambientación (y a fe que lo consigue). ¿Es una película patética? No negaremos que el patetismo impregna muchos de sus fotogramas, pero porque precisamente el director busca lo ordinario en unos seres dementes que viven en un mundo totalmente diferente al nuestro. ¿Es graciosa? Eso depende del sentido del humor de cada uno. Para apreciar Masacre en Texas 2 hay que estar tan enfermo como Tobe Hooper.

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