El Judío Suss (1940)

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Una de las películas más célebres del régimen nazi fue Jud Sus (El Judío Sus, 1940), precisamente porque dicha película encarnaba todo el discurso ideológico del partido nazi sobre la cuestión judía. No en vano, fue una de las películas favoritas del ministro de propaganda, Joseph Goebbels, quien fue además uno de los hombres más importantes dentro de la industria cinematográfica alemana. Películas como el Judío Sus no eran las más habituales en el régimen, puesto que en general se optaba más por el entretenimiento evasivo (y creadoras de un mundo pensado a molde de la nueva sociedad), pero esta película en concreto fue presentada como una película de “Calidad” (o de interés nacional, como proclamaba el ministerio de propaganda) consiguiendo además un amplio éxito de público (más de 20 millones de espectadores). De hecho, fue uno de los pocos filmes declaradamente antisemitas que consiguió el respaldo del público alemán. La película está dirigida por Veit Harlan, quien compartía los mismos preceptos ideológicos de Goebbels y compañía.

El filme se basa supuestamente en unos episodios históricos reales, aunque tergiversándolos fraudulentamente para que cuadren con el pensamiento nazi. La película se ambienta en el siglo XVIII, en lo que por aquel entonces era el ducado de Wurtemberg (Alemania aún no era una nación única) bajo el gobierno de Carlos Alejandro (1684-1737). Este gobernante decidió contar en su época con Sus Openheimer, un judío, como ministro de finanzas. Sin embargo este no consiguió granjearse el apoyo popular y cuando murió su protector, Carlos Alejandro, fue ajusticiado por una revuelta popular.

La película es en realidad una recopilación del decálogo nazi y la actitud de los pensadores del partido como Goebbels, Alfred Rosenberg o el propio Hitler sobre la comunidad judía. El Actor principal de la película es Ferdinand Marian (quien por cierto al igual que el Führer, era de origen austríaco) quien encarna al personaje principal, el judío Sus Oppenheimer. La película se dedicará a describir, con pelos y señales, sus sucias tácticas para ir escalando posiciones, llegando a convertirse en la mano derecha del duque. En realidad, su retrato es desfigurado para que su figura se equipare con la clásica figura antisemita del judío: Traicionero, incluso con su propia comunidad (otros judíos le llegan a avisar de que está caminando por un camino equivocado, sin embargo hará oídos sordos), camaleónico (llega a desprenderse de su cultura con tal de hacerse pasar como alemán auténtico, a pesar de que nunca lo conseguirá, porque siguiendo el pensamiento racista, los demás personajes alemanes son capaces de “Olerle” a kilómetros) e internacionalista (para el nacionalsocialismo, algo impensable, de hecho en la figura de Sus se pueden ver la figura de banqueros judíos internacionales coetáneos).

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En contraposición a este personaje nos encontramos con el pueblo alemán, quien encarna la máxima moral posible. No hay ni un alemán malo, incluso los que el filme representa de manera más negativa, como el duque Carlos Alejandro, actúan negativamente por la influencia del poder judío.

También se pueden observar el reflejo idealizado de las leyes raciales del gobierno nazi, que pretendían preservar la pureza de sangre aria del pueblo alemán. Nuestro protagonista judío se enamora de una joven alemana, y la película presenta esto como algo inmoral y nauseabundo, imposible de suceder entre dos personajes tan antagónicos: La Vileza del usurero comparada con la pureza de la joven alemana. Evidentemente esta situación es un reflejo de las leyes propias del gobierno, que irían en escalada a medida que se hundía el régimen.

El Odio que destila el filme puede comprobarse incluso con el final de la película, donde se lleva a cabo la ejecución del protagonista. El filme no tiene ninguna compasión con el personaje y se recrea bárbaramente en su sufrimiento. Y esto no es algo que se diga por decir, no, realmente el filme disfruta regodeándose del destino final del protagonista, convirtiéndole en una especie de cobarde que a diferencia (teórica) del resto de alemanes, se niega a morir, implorando el perdón de la manera más lastimera posible. Como paradoja, viendo la ejecución en el filme sólo faltaría ver como asistente a Goebbels para que la paradoja hubiera sido totalmente completa.

El problema del Judío Sus, además de que es un filme nauseabundo en la concepción ideológica, es que no puede competir ni estéticamente ni en ningún otro aspecto técnico con otros filmes nacionalsocialistas, como los más célebres, los dirigidos por la directora Reni Liefensthal. Mientras en los filmes de la cineasta nos encontrábamos con una poética singular y una lírica que iba más allá de un mero discurso rácano, en la película de Harlan nos encontramos con todo lo contrario, un filme petulante, con un discurso que pretende ser intelectual pero que sólo consigue ser absurdo. Sólo hay que ver al personaje que hace de típico alemán bueno: Joven, impulsivo y puro, capaz de morir con tal de defender a su amada de las manos del judío malvado.

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